Antonio Aguillón: hombre de metálica alegría por @leonmagnom

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“La verdadera música debe reflejar los pensamientos
y  las aspiraciones del pueblo y su época”
George Gershwin (EEUU, 1898-1937)

La percusión es la familia de instrumentos musicales más antigua. Está conformada por los membranófonos, platillos, tubos, cajas de maderas e ingeniosas creaciones artesanales, utilizadas en ceremonias tribales, que deben ser golpeados, rozados o  agitados para que emitan sonido. El sonido de esta extensa familia puede ser determinado, es decir, con notas como las que produce el xilófono, el piano o el timbal de orquesta. O puede ser indeterminado, un ruido, un efecto sonoro, sin altura determinada, como el que emiten las congas, la batería, el cencerro o la caja peruana.

En la gaita zuliana,  la mayor parte de los instrumentos se percuten: la tambora, las maracas, la charrasca y el emblemático furro. Sólo tiene un cordófono, el cuatro, que produce los acordes; base armónica de apoyo al cantante en su interpretación melódica.

Ricardo Aguirre describió perfectamente cada instrumento de la gaita en el tema “Gaita pascuera” de la autoría de Eurípides Romero y Luis Ferrer.  El verso dedicado a la charrasca dice:

“Tiene la misma alegría
de quien toma y no se rasca,
el sonar de la charrasca
de metálica armonía”
(Cardenales del Éxito, 1963)

Ese instrumento cuyo cuerpo es un cilindro de bronce o níquel, es el que ejecuta Antonio Aguillón desde hace sesenta años, gaitero emblemático de las décadas 60 y 70 que se mantiene activo, sigue tocando en los escenarios del folclor.

Antonio José Aguillón González nació en Cabimas, sector La Misión, el 3 de febrero de 1945. Hijo de Regino Aguillón, falconiano que se vino a pie al Zulia buscando futuro durante los años 30, atraído por las noticias que generaba  incipiente el boom petrolero. Su madre es Margarita González, una mujer prendada de las décimas y los bambucos, oriunda de San Rafael del Moján.

La adolescencia de Antonio transcurrió en la Cabimas petrolera, allí escuchó por vez primera la gaita, sus furros, los versos octosílabos de Chinco Rodríguez.   A finales de la década de los cincuenta se estableció en Maracaibo, en el barrio El Empedrao, allí comenzó su militancia como charrasquero con el Conjunto Impacto en 1958, agrupación conformada por sus familiares y vecinos más cercanos. Luego actuó con el conjunto Los Pericos.  Un año más tarde fue llamado por el compositor Luis Ferrer  para formar parte de su Conjunto Maravilla.

En 1962 entró a Cardenales del Éxito, su divisa más querida, compartió con Chúo Luzardo, Ricardo Aguirre, Douglas Soto. Allí permaneció hasta el año 1979, cuando se va con sus mejores amigos; Astolfo Romero, Ricardo Cepeda, Ricardo Portillo, Simón García y Renato Aguirre a fundar La Universidad de la Gaita. En esa agrupación actuó por tres años,  salió en 1983 y tomó un receso musical, mientras trabajaba en el Ministerio del Ambiente.

Regresó  a Cardenales del Éxito en 1986, cuando se reagrupan bajo la dirección musical  de su compadre Astolfo Romero. El conjunto lo presidió el empresario Jesús “Chichilo” Urribarrí Martínez, quien lo había comprado a Pedro Suárez.

En el tema “Guarapachando” Astolfo Romero Chacín “El Parroquiano” cantaba:

“Bueno es salir con Renato
con Ricardo y Aguillón
en la lancha de Chichilo
pa´ echarse una palazón”
(Cardenales del Éxito, 1976)

Un testimonio de su amistad duradera, que mantuvieron vigente hasta el 20 de mayo del 2000 cuando la muerte sorprendió a “El Parroquiano” a los 50 años de edad.

“Chichilo agarra el timón
que vamos pal otro lao
con mi amigo El Cabezón
voy a acabar con el ron”
(“Lancha Adriana”, 1978)

En el año 1998 Antonio participó en la creación de la agrupación Los Colosales de Ricardo Cepeda, allí estuvo tres temporadas al lado del solista colosal cosechando  éxitos como “El vendedor de flores” y “El cofre”.

Aguillón, el charrasquero estelar de nuestra gaita, en la actualidad es integrante de Gaiteros de San Sebastián dirigido por Justo Montenegro, conjunto muy tradicional que utiliza una batería de cinco furros en la parte delantera, donde comparte con grandes amigos de vieja data como Gualberto Gutiérrez, José Marval, José Tineo, Ovelio Ávila y su hermana Raquel.

Recién fue nombrado miembro de la Fundación de la Gaita Fundagraez, allí él ofrece su gran experiencia para orientar la enseñanza de la gaita en las escuelas  de la región zuliana.

Antonio pudo superar el síndrome de instrumentista marginado, poco nombrado, que ha sido la característica en este género pascuero, donde toda la atención está puesta en los cantantes. Su alto carisma, su humor y simpatía, le permitieron soslayar esa barrera que les colocan a los percusionistas, que nunca alcanzan la promoción, ni la figuración de los solistas y compositores.

Antonio José es un acuariano enamorado del futuro, del devenir. Junto a su esposa Lea Castillo, con quien se enlazó el 19 de enero de 1968, tiene seis hijos y ocho nietos, ha creado un pequeño reino de alegría en San Jacinto, donde ha vivido por muchos años. Desde ese hogar, él se proyecta como un gaitero auténtico,  genuino defensor de nuestro blasón identitario.

Recuerdo que en una ocasión Antonio Aguillón llegó muy temprano a la sede de la Fundación de la Gaita vestido como un dandi, estrenándose una guayabera de lino, perfumado, y su amiga cantora Robenis González le dijo: “Caramba Antonio, estás muy elegante, te ves muy bien. Pero: Te falta algo”. A lo que él respondió raudo: “Será la charrasca”. Cierto, esa ha sido su compañera fiel por seis décadas:

“Cuando la charrasca suena
sus  notas corren al viento
como al cantar yo así siento
que el Zulia corre en mis venas”
(Cardenales del Éxito, 1963)

Tocando ese modesto instrumento de metal, Aguillón ha participado en la creación de la música que refleja las luchas y anhelos de nuestro pueblo, y  ha sido testimonio de su época. Le deseo larga vida y celebro la alegría y vitalidad que irradia su charrasca sonora, tal como lo describió Rixio Aguirre a través de la voz de Ricardo, su hermano mayor:

“Vamos a tocar ahora
el golpe tradicional
pero hay que saber tocar
el cuatro furro y tambora
y  la charrasca sonora
saben el golpe marcar”
(“Golpe tradicional”, 1963)

Twitter: @leonmagnom