Carta a Sundín Galué

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La primera vez que te vi estabas tocando con el Conjunto Santanita, cantabas mientras ejecutabas la guitarra. Para Leandro Lenin, mi hermano menor, y para mí, esa agrupación era la máxima expresión de la musicalidad gaitera, de la polifonía y la elegancia en escena. Sabíamos que los ortodoxos de la gaita no te valoraban lo suficiente al cantar, porque no tenías el timbre característico de los gaiteros tradicionales, la típica voz cimarrona. En cambio tu vocalización era la de un trovador, un rapsoda que ofrendaba a la vida en cada nota ejecutada, destacando por tu gran afinación y buen gusto interpretativo.

Luis Rincón me contó orgulloso cómo en el año 1980 te buscó para invitarte a que formaras parte del Grupo Guaco. Ese año había tomado las riendas artísticas de la agrupación Ricardo Hernández, se planteó una renovación de la divisa, parecía un movimiento lógico y acertado tu contratación, contarían con un cantante vanguardista como tú, formando la nueva línea de solistas junto a Gustavo Aguado, el propio Ricardo, Romer Quintero y Amílcar Boscán; era el grupo líder en el Zulia con una incipiente proyección nacional.

Al igual que todos tus amigos, siempre pensé que eras un romántico, un bardo, con gran devoción por el repertorio bolerístico latinoamericano y su encantamiento, además te insertabas en el movimiento musical  juvenil de la cuidad, en plena década de los 80. Así comenzaron tus éxitos guaqueros: María, Las Maletas, Los Parranderos, Quiéreme, Cuatro Estaciones, Brindis, Discúlpame pero perdóname y Anuncios Clasificados en 1986, el mismo año que le pusiste la melodía a Virgen Guaquera. Cantabas y tocabas un bajo Fender jazz negro y blanco, en la agrupación del furor en ese momento, que comenzaba a conquistar a todo el país, a asentar las bases sólidas de su boom, tú fuiste un artífice de ese gran movimiento nacional llamado Guaco. En paralelo integraste la Banda de Conciertos “Simón Bolívar” del Estado Zulia como cuatrista y la primera banda que acompañó a Ricardo Montaner, donde tenías la responsabilidad de ser el  bajista.

A principio de los años 90 conocí a tu hermano Saurín y al verlo tocar en veladas culturales de la corporación eléctrica Enelven, que yo tenía el honor de animar en la sede de la avenida 5 de Julio, entendí la estirpe de trovadores de los Galué Soto, los hijos del viejo Maquiavelo Galué, la sensibilidad familiar para la música, que ustedes llevaban casi tatuada en su apellido. Después te vi trovando junto a tu hermano elegido en la vida Chuchín Ferrer, juntos hacían fluir la música, los sentimientos y la bohemia en el nocturnal urbano. Eran dos duendes del despecho en la hondura de la noche zuliana

En algunas tardes que llegué al restaurante Piamonte a tomar un trago con los amigos, en medio de la tertulia fraterna, te veía llegar con tus equipos de sonido para actuar, los bajabas de tu auto, instalabas todo para regresar al caer la noche y deleitar a los comensales con tus boleros, con las canciones del añejo romancero. Atendiendo el llamado de tu excompañero Ricardo Hernández, aceptaste formar parte de la banda Sentimiento Nacional. Tuviste allí el grato reencuentro con tus amigos de Guaco: Daniel Somaróo, Amílcar Boscán, Fernando Valladares y Nelson Arrieta.

Llegó el mes de febrero con sus aires apasionados, el febrero del 2009 con sus días inciertos nos trajo la noticia de tu delicada operación a corazón abierto, el remplazo valvular que te realizarían en Caracas. Seguimos el proceso con ansiedad, con temores, preguntando al doctor Iván Arcaya por los detalles, los pronósticos, me dijo que estabas en las mejores manos, las del doctor Alexis Bello. Al principio las noticias fueron alentadoras, no hubo sorpresas, superaste la intervención de casi ocho horas. Semanas después llegó la desconcertante noticia de tus  fiebres, reaparecía el malestar, comenzaron los aciagos días en el Hospital Coromoto, crecía la impaciencia en tus familiares y amigos cercanos. La espera se hizo infructuosa, finalmente la terrible noticia de  tu muerte la mañana del 23 de febrero, acababa con tu hermosa vida a los 53 años de edad.

Falló tu corazón de trovador, nos quedamos sin  tu canto y tu humor, tu cálida amistad. En la funeraria El Carmen vi llegar a tu hijo, bajó de su vehículo y le di el abrazo que hubiese querido darte a ti. Me dijo: “Ya papá estaba  bien, no sé…” Y le  respondí: “Ahora estará mejor, estará en todos los lugares de esta ciudad que tanto amó, vivirá en las serenatas, en el recuerdo de los que lo conocimos”.

Hoy 23 de febrero del 2012, tres años después de tu partida, estoy en tu escenario de Piamonte, sé que nos miras, sé que traes tu guitarra y tu sonrisa luminosa. Vamos Sundín, entra hermano, ésta es tu velada, toca para tus amigos, ésta es la casa a la que entregaste el calor de tu arte. Ven, dame el abrazo que quedó pendiente en ese febrero violento, cuando se apagaron las  serenatas y se encendieron los cirios de tu despedida.

Twitter: @leonmagnom