Humberto Rodríguez: hombre crono de la gaita

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“Nunca se acabará en nosotros la tierra seca,
cuando comiencen los rezos será para morirse”

Luis Alberto Crespo (Carora, 1941)

En el año 1945, Carora era un lugar de barro y espina, como la nombró el poeta  L.A. Crespo, uno de sus hijos entrañables, creador irisado de la palabra. La ciudad cuna del maestro Alirio Díaz (1923), máximo ejecutante vivo de la guitarra en América Latina, esa árida tierra larense vio nacer al hijo del farmaceuta Pedro Rodríguez y la pianista Yolanda Balestrini: Humberto. La Carora de atardeceres bañados con cocuy, de insignes lutieres de cuerdófonos, y hoy en día, de extensos viñedos. Una  aldea de cuatros y guitarras bien ejecutadas en  casas de caña y mampostería. Esa tierra marcó el camino de la música a Humberto Rodríguez, y lo condujo hasta Maracaibo a principios de la década de los sesenta, una metrópoli que le prometía  mejor escenario para el trabajo artístico y la bohemia  acalorada.

Comenzó a participar en agrupaciones de aficionados: Los Antillanos, Juventud Alegre, hasta que entró a las filas del Conjunto Blanco y Negro. Luego pasó al Rincón Morales que ya había impactado en los canales caraqueños de cobertura nacional y era reconocido como “El Coloso de Cantares”. Humberto aportaba su voz de barítono, su solvencia al tocar el cuatro, su excelente verbalización al presentar los temas, y en paralelo a los escenarios; su vocación de compilador de discos LP. El  ser  un cronista musical nos habla de su generosidad, de su capacidad de vivir la vida de los demás intérpretes y así lograr estructurar el gran universo de la gaita, un trabajo pensado para  la posteridad, para las generaciones venideras.

Así se fue forjando Humberto su talante de hombre-memoria de la gaita. Asumió su índole de coleccionista de discos de vinilo con método y asiduidad. Compilador de crónicas bien documentadas, de objetos que marcaban hitos o señalaban situaciones especiales en la vida de los gaiteros más destacados. Eso lo realizó con pasión y rigurosidad hasta sus últimos días.

Como profesional de la música logró integrar las filas de Los Guacos, Cardenales del Éxito, El Conjunto Número Uno, Los Mismos de Ayer, y de Mamaota y su Familia Gaitera, junto a su esposa Dora, quien lo acompañó durante cincuenta años. Dora Liduina Hernández de Rodríguez es una talentosa compositora oriunda de Los Puertos de Altagracia con la que se casó el 14 de febrero de 1970.

Conocí a Humberto cuando trabajaba para la Enciclopedia Británica a mediados de los años ochenta. Tenía su centro laboral en el edificio Tamacuary en la Av. 5 de Julio con calle 72, allí lo saludé por primera vez. Por esos días yo comenzaba a transmitir mi programa Sabor Gaitero en Radio Calendario 1020AM. Luego, lo pude visitar junto a su cuñado Arnoldo Hernández Oquendo, compositor y cronista  gaitero, en su apartamento ubicado en  Tierra Negra.

A Humberto Rodríguez lo bautizó “Mamaota” el carismático animador Guillermo Tesalio Barrera, en una transmisión radial. Él se lo quedó mirando, escrutándolo al detalle  y le dijo: “vos sois más grande que el amor de madre”, en referencia a su espigada estatura. De allí derivó el mote  “Mamaota” que lo identificó en el ambiente gaitero, su marca.

Reconocido autor de varias centenas de composiciones, temas que él creaba como teselas de un armonioso mosaico,  enmarcadas en el compás 3/4  del vals, o el 6/8  de la danza y la gaita. Rodríguez llegó a destacar  en 1974 con Los Guacos, como cantautor de los temas “Con gaitas fue” y  “Parranda Fiestera”.  Brilló con el conjunto Rincón Morales y sembró en el acervo venezolano su “Auyantepuy” en 1977, interpretado por Pablo Grey:

“Auyantepuy fibra de luz, bendito Dios y tú.
Poder de altiplanicie se asoma por la distancia…”

En la voz de Gladys Vera nos regaló “Por eso Gaita” en 1978, con un magistral introito de cuatro, bajo y voces en  hermosa polifonía de Santanita. Con Los Fabulosos nos dejó “Mi Ciudad” (1975) en la voz de Betty Alvarado, con un dejo de Onda Nueva en su arreglo. Con el Birimbao logró pegar el tema “Ciudad de Sal” interpretado por Jerry Sánchez. Y en el año 1989, en el marco del Festival Una Gaita para El Zulia, presentó su tema “La gaita que llevo dentro” que interpretó la profesora Ingrid Alexandrescu Mûller con Élite Gaitera. Esa edición del festival se realizó en la Plaza de Toros de Maracaibo, lo transmitió Televén bajo la producción de “El Negro” Charles y tuve el honor de animarlo junto a Cayito Aponte y Jesús Terán “Chavín”.

“Mamaota” fue dueño de un talento especial para la radio. Su voz con registros bajos, su impecable dicción y su honestidad al relatar los hechos, hicieron que germinara el éxito en el programa “El Súper Show de la Gaita” junto a Juan Carlos Higuera en la emisora de la Organización Higuera Miranda. Colaboró en muchas ocasiones con Ramón Soto Urdaneta para “Sábado Gaitero” en NCTV y consolidó una buena dupla con la periodista Moraima Gutiérrez en la emisora del CNB.

Al final de su vida pasó muchas horas en el Centro de Educación Popular “Chevoche” (CEP), en Santa Rosa de Agua. Allí dirigió la emisora Coquivacoa 94.3FM y desplegó su anecdotario, su historia viva de la música zuliana. El sociólogo Giovanni Villalobos tuvo el honor de recibir lo más importante de su vasta colección de discos y crónicas para la biblioteca y fonoteca de ese centro cultural “Chevochiano”.

Humberto “Mamaota” Rodríguez murió el 12 de marzo de 2011, luego de luchar largos años con la diabetes y sus complicaciones, de vivir el suplicio de las diálisis semanales y las dolorosas amputaciones. Con él se nos fue un hombre que fue solista de los conjuntos de vanguardia, un  comentarista de culto en la  radio local, y un gran apologeta de la música  maracaibera.

No tuvo descendencia, pero nos dejó sus composiciones, su aporte a la memoria musical de esta tierra, su mecenazgo a favor de los juglares zulianos. Fue un hombre de paz, opuesto a la guerra cainita entre los gaiteros, que tanto daño y tanto dolor  ha producido al gremio.

Él nos legó la forma ética con  la que  transitó su vida, y su don para  prodigar amistad.  Misión más que cumplida maestro Humberto, luz a su alma por siglos.