De las instituciones que promueven la gaita en las escuelas y comunidades, ¿Cuál cree que tiene mejor desempeño?
 
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Felipe Pirela, La Voz del Dolor

 

Cuesta creer que al momento de ser asesinado Felipe Pirela en Puerto Rico, al sur de San Juan, sólo tenía 30 años de edad. Había nacido en el barrio El Empedrao de Maracaibo el 4 de septiembre del año 1941, siendo el octavo hijo de un albañil llamado Felipe Pirela Monsalve y una comerciante artesanal de nombre Lucía, el mismo nombre de la patrona de esa barriada luminosa situada frente al lago: Santa Lucía, que significa mujer llena de luz.

La  madrugada del 2 de julio de 1972, Felipe terminó su presentación en el cabaret El Molino Rojo, donde realizaba una corta temporada de actuaciones, antes de partir de gira a República Dominicana. Luego habló con su socia Paquita Berrío en tono jovial y le comentó que al día siguiente se verían en el hotel Borinquen Tower, donde residía el cantante, para darle una muy buena noticia, relacionada con su gira recién contratada.

Al finalizar su show esa noche, de un julio caluroso, fue a buscarlo a su camerino del nigthclub un asistente de Luis Medina Rosado, quien horas más tarde disparó el arma que le quitó la vida al bolerista zuliano. Medina Rosado estaba involucrado en distribución de drogas en la “Isla del Encanto”, con reputación de mafioso, timador y hombre violento. Al parecer, involucró a Felipe en ese mundo degradado, que finalmente atrapó al cantante zuliano.

Felipe había dejado Venezuela luego de una truculenta ruptura conyugal con Mariela Montiel Prieto, una adolescente zuliana con la que se casó y con quien tuvo su única hija: Lennys Pirela Montiel. Mariela Montiel declaró a la prensa de forma escandalosa sobre Felipe, admitiendo desprecio y dudas sobre él. Algunos opinan que estuvo impulsada por el despecho y por los celos que le provocaba ver a su marido junto a sus seguidoras, optando por esa oprobiosa venganza, con declaraciones que potenciaron la prensa farandulera.

Ante esa afrenta y la presión legal de la demanda de divorcio, el bolerista tomó la decisión de dejarlo todo en Venezuela y salir hacia Colombia, donde había cosechado un éxito considerable desde sus tiempos con la Billo´s Caracas Boys. Más tarde pasó a Santo Domingo. Después se estableció definitivamente en Puerto Rico, que era para entonces su segunda patria musical y el puente hacia Estados Unidos, donde ya había llegado con su música, con un gran respaldo de la comunidad latina.

El 15 de junio, diecisiete días antes de que lo asesinaran, Felipe estuvo en los estudios Good Vibration de Nueva York, comenzando la selección de temas para su álbum número 22 que preparaba para el sello Velvet, junto a John Fausti, Roberto Page y el director de orquesta y arreglista, maestro Jorge Millet.  Estaba en pleno esplendor la era de las big bands, el boom de la salsa newyorkina,  Felipe quería penetrar esa atmósfera con su estilo romántico, un estilo de bolero-beat, con la asesoría del pianista Javier Vásquez.

Esto desmiente que él hubiese estado en la quiebra como artista al momento de morir. Antes de comenzar este proyecto en la Gran Manzana, Felipe había recibido invitaciones para trabajar, del maestro-cantor Tito Rodríguez, también de Chucho Sanoja y Renato Capriles, ofrecimientos que rechazó para seguir con su carrera como solista estelar, para seguir en los escenarios triunfando con su propia lustre.

La carrera artística de Pirela había comenzado muy temprano; con tan sólo 13 años cantaba en la emisora Ondas del Lago y en el canal de televisión de la misma corporación zuliana. Luego participó en los programas de concursos en Caracas, en RCTV (1958), hasta que entra a la agrupación Los Peniques. Posteriormente es captado por el maestro dominicano Luis María Frómeta, quien lo contrata para la Orquesta más popular de Venezuela: La Billo´s Caracas Boys. Allí comparte con glorias del canto popular como Cheo García, Memo Morales y Joe Urdaneta. Esta conjunción de vocalista zulianos llevó al maestro Frómeta a decir, parodiando “El Son de la Loma”,

“Yo si sé de donde son los cantantes: de Maracaibo”

Felipe grabó un total de 9 discos de larga duración como integrante de orquestas, 24 en solitario, y 3 álbumes colectivos donde destacaron los arreglos del gran jazzista dominicano Porfi Jiménez. Fueron 36 producciones en total. Actuó en Colombia, en México donde grabó al lado del maestro Armando Manzanero y con esa producción se ganó la designación de “El Bolerista de América”. También estuvo en Estados Unidos, Montreal, República Dominicana y en Puerto Rico, antes de asilarse. Sin duda, buen récord para un cantante que sólo alcanzó a vivir tres décadas.

En paralelo a su exitosa carrera en los escenarios, Felipe llevaba  una vida de penas y desamores, la que  resumen perfectamente sus interpretaciones:

"Oigo a mi madre aún, la oigo engañándome, 
Por qué la vida me negó 
lo  que en la cuna ella me cantó”

Temas que siempre él cantó desde su dolor, desde la ausencia de la hija amada Lennys. Los títulos de sus canciones se convirtieron en sentencias de vida para él: “El Malquerido”, “Sombras nada más”, “Silencio”. En una ocasión el actor boricua Daniel Lugo dijo: “Yo iba  los domingos a un hotel en el viejo San Juan a disfrutar de unos tragos en la piscina. Un día pregunté al barman por un hombre que había visto en los fines de semanas anteriores, siempre solo, expectante, bebiendo en silencio y que eventualmente me miraba de soslayo. Ese hombre solitario era Felipe Pirela, siempre absorto en sus nostalgias, como esperando algo que nunca llegó.”

¿Hasta qué punto Felipe hizo suyas esas letras, esas vivencias que relatan sus boleros?

"Pude ser feliz, y estoy en vida muriendo y entre lágrimas viviendo 
el  pasaje mas horrendo, de este drama sin final”

Por un momento nos imaginamos el alma de un hombre que canta:

“Quisiera abrir lentamente mis venas, 
mi sangre toda verterla a tus pies, 
para poderte demostrar que más no puedo amar 
y entonces morir después”

Es un ser en total paroxismo de su pasión, ardiendo por un amor no correspondido, en la más absoluta soledad, que canta y sueña son regresar a su terruño.

En definitiva, su vida fue casi un libreto escrito con las letras de los boleros que él cantó magistralmente, llenos de aflicción, con una voz que se quebraba, como si llorara por dentro.

Sus exequias en Maracaibo se recuerdan como una de las más concurridas, sólo superada por las del rector de la Universidad del Zulia, Jesús Enrique Lossada, quien lideró su reapertura en 1948. Y las honras fúnebres del "Monumental de la Gaita" Ricardo Aguirre el 9 de noviembre de 1969, luego que perdiera la vida en un accidente de tránsito en Las Veritas. En extraña coincidencia, Ricardo también tenía 30 años de edad.

La procesión fúnebre para despedir al cantor se realizó en las calles empedradas de Santa Lucía, toda la ciudad lloró la partida de su juglar y se vistió de luto.  Maracaibo ya no tenía su barrio El Saladillo, derrumbado por decreto del Presidente Rafael Caldera en 1970, con la falsa promesa de construir un Centro Libertador que nunca se ejecutó. Caldera, en 1942 había sido el orador en la coronación de la Virgen de Chiquinquirá, donde fingió un gran amor al Zulia y 28 años después destruyó la huella arquitectónica saladillera, el sector primigenio de Maracaibo, suburbio génesis de la capital lacustre.

En ese ambiente de ciudad bombardeada, entre despojos de caña y mampostería, sus habitantes enterraban a un paisano de 30 años de edad, que logró erigirse como el cantante más destacado del bolero en toda América. Y que no  alcanzó ver su añorado regreso a su  suelo patrio, a su morada empedraera.

 

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