Los premios y la gaita

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Según su origen, los premios tienen la misión de “re-conocer” el trabajo de los sujetos que los reciben, tienen como finalidad destacar el trabajo realizado por ese creador, esa organización premiada y recompensarlo ante la comunidad.

En el caso de nuestro género musical, la gaita, en las décadas de los 70, 80 y 90 contó con premios muy respetados, honorables, como el “Virgilio Carruyo”, Mara de Oro, Festival de Industrias Pampero; pero ese prestigio que tenían esas organizaciones se esfumó. Hoy en día, sus veredictos sólo sirven para despertar pasiones bajas, que desembocan en una catarsis pública de descalificaciones, insultos, injurias entre los sedientos aspirantes a tales reconocimientos. La mayoría de los galardones, ni siquiera logran llamar la atención del público, son considerados unas chatarras del espectáculo en absoluta decadencia.

Pocos gremios son tan autodestructivos como el gaitero, a lo interno de esa comunidad priva la agresividad, pocas veces se ve una pelea tan desproporcionada, casi a cuchillo, entre las partes de ese todo que llamamos gaita. Es una lucha fratricida, una batalla campal entre coterráneos, una pelea absurda entre colegas por obtener la gaita del año, o el solista del año, por alcanzar el título que se desprende de un viejo vicio de la publicidad norteamericana, que para mercadear un producto lo cataloga como “The best” (el mejor), aunque esté lejos de serlo.

A lo largo de mis 28 años de carrera como locutor y profesional de comunicación, he entrevistado a muchos salseros, a intérpretes de ese género tropical protagonistas del boom de los años 70 y 80, y jamás alguno de ellos descalificó a los otros salseros. Por el contrario, se notaba un silencio respetuoso ante la alusión a un adversario o competidor en mis preguntas. Optaban por el mutismo y el respeto antes de injuriar al colega; buscaban no evidenciar algún roce artístico. Prevaleció una actitud afable, con conceptos cordiales de unos para con los otros. Igual me sucedió con los merengueros, repiten ese sentido de solidaridad y agradecimiento. También con los vallenateros, ahora tan en boga. La excepción en el Caribe la marcamos los gaiteros, somos depredadores de nuestros correligionarios.

El premio “El Zulia elige la Gaita del Año”, organizado por el IMGRA, en las calles de Maracaibo lo parafraseaban como “El Zulia elige la trampa del año”, y alcanzó una alta expectativa en el público nacional, pero la frase más reiterada dentro de la comunidad gaitera fue la descalificación, tildando al premio de componenda. Pareciera que sus organizadores no pensaron nunca en la imagen y promoción del género al que nos debemos, sino en sus caprichos personales. El alcalde patrocinador invitaba al evento y nunca hizo acto de presencia en el mismo, una descortesía total.

Si se organizara “Puerto Rico elige laSalsa del Año”, así como Pedro Arroyo creó “El día de la Salsa” en Borinquen, usted esperaría que en ese festival estuvieran los mejores temas de ese género, con los intérpretes más importantes. De igual manera si fuese “El Merengue del Año” o “El Vallenato del Año”, como bien se organiza el “Festival del Acordeón de Valledupar”, en el departamento del Cesar, con un prestigio bien ganado en toda América Latina.

En nuestros festivales no están las gaitas más sonadas, ni los gaiteros más representativos, sino los que lograron hacer el operativo más exitoso, el dispositivo promocional más efectivo o el “cuadre” más oportuno. Uno se pregunta: ¿Y esa gaita donde sonó?, ¿Quiénes son esos intérpretes?, además de los sectarismos políticos y las reticencias por posiciones políticas o partidistas, que también pasan su factura.

Progresivamente se eliminó el voto por Internet, cercenando la posibilidad real de participación del país gaitero, que de forma entusiasta votó vía web desde el año 2006, y desde entonces se ha creado una cibercomunidad alrededor de la gaita.

Creo que en la actualidad los premios gaiteros representan un estímulo a la división, al latrocinio, y a la corrupción impune. No cumplen con su misión primaria de reconocer los talentos y de promoverlos; por el contrario, atizan la división, la mezquindad entre los hacedores del género pascuero.

Verbigracia el concurso organizado por la Gobernación del Estado Zulia en el año 2011, que resultó un desastre tal, que se vieron obligados a realizar más ruedas de prensa para tratar de justificar sus errores y su fracaso, que para promover sus logros y celebrar el éxito del mismo. El gremio gaitero salió frustrado, disgustado, inconforme con ese maltrecho festival, que resultó otra vil manipulación de la “zulianidad” por parte de la derecha local en funciones de gobierno.

En el Festival de la Gobernación del Zulia, organizado por Fundagraez, todo redundó en un una gran complicidad de amiguismos, un falso sentido nacional del evento,un rotundo fraude al gremio gaitero y a la patria gaitera.

Premio en su etimología significa recompensa (del latín praemium), debería serlo ante el esfuerzo creativo, ante una propuesta estética admirable, no debería devenir en una recompensa a la “payola”, a la manipulación.

Con la mayor presteza deberíamos retomar el sentido originario de los premios, rescatar los más honestos, los más probos dentro de la gaita venezolana y relanzarlos.

Twitter: @leonmagnom