Francisco Pacheco: la voz de cata y sus tambores

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La Bahía de Cata con sus finas arenas recibe al poderoso mar Caribe, lo hace apacible en ese arco azul al norte de Venezuela. Con sus brazos montañosos, la tierra de Aragua lo enmarca, lo limita y lo hace un paraíso costero. En ese paraje de aguas esmeraldinas y vientos salobres, nació Francisco Pacheco el 10 de octubre de 1955. Como todo hombre oriundo de una ensenada, tuvo un apresto natural para captar sonidos del viento, el restallar de las olas y el canto de las aves marinas.

En la década de los 60, el pueblito de Cata ubicado a 5 Km de la bahía, no tenía servicio eléctrico, en las noches se servían de una ruidosa planta eléctrica a gasoil, para así poder iluminar las calles y las escasas casas hasta poco antes de la media noche. Luego todo quedaba en penumbras, sólo permanecía encendido a lo lejos el bar, se veían sus luces doradas, y el viento costero traía hasta los oídos del niño Francisco la música de su vieja rockola. Así aprendió a escuchar y después a cantar las rancheras, los tangos, los boleros, los danzones y las guarachas clásicas. Cada noche representaba para él un concierto.

Hijo de Pastor Pacheco, un agricultor, hombre sencillo. Y de Paula Elvira Cróquer, una mujer morena, capitana de la cofradía de San Juan, ella lo introdujo en ese mundo del culto sincrético, le enseñó los cantos devocionales, lo enseñó a ser un promesero del Corpus Cristi, un cantor sanjuanero, lo hizo “Diablo Danzante” a los 10 años de edad, aprendió el misterioso idioma de los tambores. En esos cultos se unían el fervor religioso y la expresión musical autóctona afrovenezolana. Ese mundo sonoro permeó a Francisco Pacheco Cóquer, hasta convertirlo en el reconocido “cantista mayor de la pureza”, como lo catalogó el cronista musical, compositor e investigador Rafael Salazar.

De joven, Francisco soñaba con ser basquetero profesional, para luego dedicarse a la enseñanza deportiva, las canchas deportivas eran su pasión en paralelo a la música. Hasta que en 1975 conoció a los pioneros de la agrupación Un Solo Pueblo, los hermanos Querales, y comenzó con ellos a cantar fulías, cantos de la Cruz de Mayo, parrandas de la costa, hacía la música típica de un catero raigal.  Se integró a los ensayos en el Ateneo de Caracas en 1976, hasta que comenzó su larga saga de éxitos con esa agrupación emblema del folclor de Venezuela. Sonaron en las emisoras de todo el país temas como “María Paleta”, “La burra”, El cocuy que alumbra”, El gallo Pinto”, “Botaste la bola”. “La garza”. Allí permaneció por 25 años intensos y fecundos; con estos temas Pacheco se ganó el reconocimiento en toda la nación y comenzó a proyectarse en América Latina, gracias a las múltiples giras que realizaba Un Solo Pueblo. El maestro Iván Pérez Rossi, cantante y cuatrista fundador de Serenata Guayanesa, solemnemente ha dicho: “Francisco Pacheco es el cantante más grande de nuestro país”.

En el año 2001 decide crear su propia agrupación, la llamó: “Francisco Pacheco y su pueblo”. Así comenzó una etapa prolífica en su carrera, ahora como compositor y cantor, con nuevos temas, nuevas presentaciones, era el líder de un colectivo musical, se convirtió en el único director de su destino artístico. En su agrupación ha compartido con grandes músicos de Venezuela, como el trompetista Gustavo Aranguren, Ángel Palacios, Joel Uriola, el maestro del piano Víctor Mestas, Fernando Giovanetty, Julio Flores, el gran trombonista Domingo Pagliuca, Javier Marín, Pedro Marín, Gustavo Caruci. Han alternado: Rafael “Pollo” Brito, el maestro Mauricio Silva, el saxofonista Benjamín Brea, Alicia Dávila, Rolando Canónico, entre otros talentos.

Cuando cita o alude a sus maestros de la música popular, lo hace con gratitud y con reverencia. Surgen de sus labios los nombres de Don Pío Alvarado, Luis Mariano Rivera, Juan Esteban García, María Rodríguez, Fulgencio Aquino, Rafael Rincón González, Jesús Rosas Marcano, este último es el autor de muchos de sus éxitos como solista, entre otros: La Matica, El Cocuy Que Alumbra, María Paleta, Córrela, La Burra, El Gallo Pinto, Botaste La Bola, Un Negro Como Yo, Viva Venezuela. Temas que han quedado en la memoria colectiva, que no aceptan mejor interpretación que la de Francisco Pacheco, llevan su impronta:

“Desde el pueblo e´ Cata vengo

como buen venezolano

a cantar esta parranda

con besos bolivarianos”.

Esa canción emblemática, Pacheco se lo cantó al Papa Juan Pablo II en su visita a Venezuela en 1985. Al finalizar su actuación, el pontífice le dio su mano y bendijo al catero mayor, ante una feligresía allí congregada de unas 60 mil personas.

Francisco es un barítono que logra algunas notas de tenor, su voz alcanza bajos profundos que le dan un toque dramático a sus cantos rituales. Sus notas altas disparan la alegría en la parranda. Siempre ha tenido una actitud pedagógica cuando enfrenta a los públicos en su larga carrera musical, es un artista marcado por la sencillez, la austeridad y la campechanía.

El sonero del mundo, Oscar D´León, recién ha declarado en Miami: “Si Francisco Pacheco se hubiese dedicado a la salsa, sería multimillonario, tiene el talento de sobra para ese ritmo”. El gran vibrafonista Alfredo Naranjo lo ha invitado a sus producciones para grabar son, y lo ha hecho con mucha solvencia. Ha participado en el “Homenaje al Pavo Frank”, también se integró al “Homenaje al sonero mayor Isamel Rivera”, montado por Rumba Cum Laude. A esto se unen sus colaboraciones con Guaco “Virgen Guaquera” en 1986, Gran Coquivacoa, Barrio Obrero de Cabimas en su 50 aniversario, Huascar Barradas y sus amigos, Grupo Candela, Serenata Guayanesa con los que grabó en vivo “Viajera del río” en 1996. Con Aquilles Báez y su guataca. De tal manera que en Francisco Pacheco tenemos un cantor del Caribe, que domina todas las formas musicales del folclor venezolano al igual que los ritmos antillanos.

El canto de Francisco Pacheco tiene melodías que llegan a los santos, conlleva una pulsión mística en sus notas. Se colma de fe cuando ofrenda a San Antonio, a San Francisco el 4 de octubre en su pueblo natal, en el canto a San Juan Bautista. En su tesitura hay registros de vasallo de San Benito, de coplero de lo sagrado, y esto le da elevación espiritual, le provee de un sentido supremo, le confiere un don artístico de una dimensión no terrenal.

En la actualidad Francisco comparte los escenarios con dos de sus hijos; Mirla Pacheco Castro y Francisco Pacheco Castro, quienes dan testimonio de su calidad como padre, de su acompañamiento en todas sus actividades escolares y deportivas, de su gran ética como ciudadano, está muy lejos de creerse un divo del plató o un dandy de los escenarios.

El moreno aragüeño que llegó a Caracas a los 12 años de edad para estudiar secundaria, nunca abandonó sus tradiciones, ni a su gente. Vive en un eterno retornelo a su costa para seguir aprendiendo su historia, su música. El cosmos musical-religioso de la costa de Aragua lo considera su más preciado portento, eso lo ha llevado por muchos senderos, confines, lugares lejanos.

Pacheco es un consagrado fanático del equipo Tigres de Aragua, el principal promotor de la geografía costera aragüeña, y su más prominente voz:

“El pueblo donde yo nací

vivirá en mis emociones

por sus bellas tradiciones

y San Francisco de Asís.

Mi guía fue Paula Elvira

quien junto al manco Pastor

me enseñaron del amor

la verdad y la humildad

que San Francisco nos da

como catero mayor”.

 

En justicia, podemos llamar a Francisco Pacheco: el cantista mayor.

 

 

León Magno Montiel

@leonmagnom

leonmagnom@gmail.com