La gaita es nuestra alma sonora

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La palabra gaita apareció en el siglo XII, en la comunidad alemana que hablaba gótico, la antigua lengua tudesca. Según el  lingüista catalán Joan Corominas, en su “Diccionario etimológico de la lengua castellana” (1962), el primer significado del vocablo “gaits” es “piel de cabra”. Después comenzó a darle nombre a formas musicales europeas. En Escocia, la gaita es la música tradicional de los Highlanders, quienes la tocan con sus faldas a cuadros, los llamados Pipers, que no son otra cosa que una batería de gaiteros marchando y apretando el fuelle de piel de cabra o alce. Hoy en día se ejecuta en las más grandes ciudades del mundo el 17 de marzo, día de San Patricio, llevando el blasón con el shamrock o trébol verde, en alto, pues con esa planta, el joven monje Patricio explicaba a sus seguidores en Irlanda el misterio de la Santísima Trinidad.

La gaita es un instrumento de viento, con una caña inserta en un odre, y tres flautas auxiliares que da un sonido parecido al oboe, pero polífónico. Es un sonido dulce, de viento madera.

En España, la gaita está presente en dos regiones: en Galicia, donde aparece en fiestas populares; y en Asturias, ligada a las fiestas patronales, donde es ejecutada acompañada por la percusión de la zambomba adornada con ínfulas, el predecesor africano del furro zuliano.

En el siglo XVI, la gaita pasó a América, producto de la conquista de sus territorios por  los españoles.  Si bien la palabra es la misma, las formas musicales que designa son distintas. Así tenemos a la gaita colombiana, que aparece en las noches afiebradas de Simón Bolívar tratando de llegar desde la gélida Bogotá, con una perenne llovizna helada,  hasta las cálidas costas del Atlántico colombiano, en su empeño por  recuperar su quebrantada salud. En la novela “El general en su laberinto” (1989), Gabriel García Márquez describe cómo el maltrecho Bolívar y su alma mustia se alegraban con el toque de los gaiteros en las noches de parranda, cómo disfrutaba con su aire de flautas y tambores.  Recientemente los premios Grammy de Estados Unidos reconocieron el trabajo de los Gaiteros de San Jacinto de Colombia, una agrupación fundada en el departamento de Bolívar en 1940.

En Venezuela, la gaita nace en la cuenca del lago Coquivacoa, en las orillas iluminadas por el relámpago silente del Catatumbo. Es un canto de mestizaje,  amalgama de los tambores africanos con la lengua de Cervantes y las vivencias del hombre wayuú y del  añú.  Tocada en compás de 6/8, como casi toda la música africana, la gaita tiene un alto componente percutivo: de sus cinco instrumentos básicos originarios, cuatro emiten sonidos a base de golpes o tañidos, se percuten. Estos son: la tambora, un membranófono de un solo parche; el furro, un membranófono con verada, pariente de la zambomba africana que llegó a la costa mediterránea española;  la charrasca, un cilindro de metal (cobre o bronce), una especie de güira zuliana; y las maracas, hechas con taparas y semillas. El soporte armónico recae en un cuerdófono, el cuatro, instrumento nacional que acompaña a los cantantes.

En la cultura dahomeyana o de Benín, los tambores representan el lenguaje del oprimido, y a la vez del creyente que ofrenda a los orishas, los espíritus sagrados en la religión yoruba. Ese elemento africano, con los tambores ceremoniales, está presente en nuestra gaita, pero a diferencia del resto de las formas musicales afro-venezolanas, la gaita tiene copiosa poesía, siendo el género musical venezolano con la lírica más extensa, con profusas letras rimadas en versos octosílabos.

La gaita de furro o gaita maracaibera tiene un estribillo y tres o cuatro versos. Algunas gaitas de Luis Ferrer llegan a tener más de 2.000 caracteres al transcribirlas. Por tanto, queda descartada la tesis que sostiene que la gaita es 100% africana, puesto que los africanos y sus descendientes directos tenían la grave barrera idiomática. Su aporte fue rítmico, por eso la gaita es un canto sincrético, pertenece al arte de mestizaje.

La gaita como género musical es la alquimia perfecta de la cultura ibera impuesta por los colonizadores, con la cultura africana de los negros esclavos que se acantonaron en el Sur del lago, y de la vivencia del indio nativo, de allí su riqueza.  Es un canto poli-temático que aborda diversos sentimientos, desde la protesta, la alabanza religiosa, hasta la nostalgia y el amor más carnal:

“Prométeme que no vas a olvidarme
que vas a recordarme por lo grande del amor, el que te di
y júrame que aunque estemos distantes
no habrá ningún instante, ni un solo momento
en que tu pensamiento, cese de nombrarme
que siempre vas a amarme,
prométeme, prométeme”

Simón García, 1984

Cardenales del Éxito – Prométeme
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Es también un instrumento para la protesta, como quedó demostrado con la huelga petrolera de diciembre de 1936 hasta enero de 1937, cuando se convirtió en un canto reivindicativo ante las carencias de los obreros en su diario acontecer:

“Maracaibo marginada y sin un real,
qué más te puede pasar que ya no te haya pasado”

Ricardo Aguirre, 1969

Cardenales del Éxito – Maracaibo marginada
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La gaita es alabanza a la Virgen de Chiquinquirá:

“Qué bella está la pintura
Más nadie así pintará
quién sería el genio y figura
que su fe supo plasmar
en la estampa bella y pura
de nuestra Chiquinquirá”

Nelson Romero, 1991

Maragaita – La pintura
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Le canta a los héroes de la patria:

“Ilustre peregrino rutilante,
inquieto y quijotesco soñador,
latinoamericano descollante
del que Europa en un instante
supo que era un campeador.
Olímpico titán de envergadura
romántico, guerrero, forjador.
Amante fiel de la literatura,
venezolano de altura,
flamante batallador”

Renato Aguirre, 2000

Cardenales del Éxito – El guerrero peregrino
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Y a las costumbres ancestrales:

“Salen de Palmarejo
y de aquí de Maracaibo,
el paseo más bonito
navegando por el lago,
tres reales si vais a pié
y cinco bolos en carro”

Rafael Sánchez, 1987

Gaiteros de Pillopo – El ferry
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La gaita también se convierte en el canto de la parranda, de la fiesta popular:

“Soy un negrito fullero,
orgulloso y por demás,
soy en el amor audaz,
buen amigo y parrandero”

Eurípides Romero, 1971

Cardenales del Éxito – El negrito fullero
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Con su versatilidad, la gaita conquistó a toda Venezuela y sería una mezquindad seguir nombrándola como la gaita zuliana, porque en cada ciudad del país tenemos conjuntos de gaitas, así como programas gaiteros realizados por gente de la zona. Es un gran movimiento nacional que comenzó a finales de la década de los 50 con las primeras grabaciones editadas en México, que llegaron a Maracaibo en discos de vinilo de 78rpm. Luego vino el boom en la radio y después en la televisión nacional, cuando las agrupaciones Rincón Morales, Estrellas del Zulia y Cardenales del Éxito actuaron en los shows de cobertura nacional de Víctor Saume, Renny Ottolina y El Vene-Maratón con Oscar García “El Ventarrón” al frente.

Producto de este impulso mediático, surgieron figuras cimeras como Ricardo Aguirre (1939-1969), director-fundador de la agrupación más carismática del género, Cardenales del Éxito y quien en sólo siete años de carrera profesional se erigió como el “Monumental de la Gaita”, convirtiéndose en el líder del movimiento. Prueba de ello es que ya han pasado 42 años del accidente automovilístico que le quitó la vida el 8 de noviembre de 1969 en el sector Veritas, y su álbum antológico sigue siendo uno de los discos más vendidos cada temporada.

También le dieron mucha proyección a la gaita las agrupaciones de Cabimas, Barrio Obrero y Gran Coquivacoa, con figuras legendarias como Bernardo Bracho y “El Negro” Nelson Martínez.

Cantantes como Daniel Alvarado, Ricardo Cepeda y Astolfo Romero, Neguito Borjas fueron inspiración para muchos jóvenes, que en las décadas de los 70 y 80, comenzaron a cantar y tocar sus gaitas en barriadas, liceos y fiestas en todo el país.

El maestro Aldemaro Romero (1928-2007), creador de la Onda Nueva, decía que la gaita era nuestro ritmo más exportable, el que podían entender y disfrutar más fácilmente los melómanos del Caribe. De hecho, él compuso cuatro piezas en estructura de gaita, además, siempre admiró el trabajo que desde la gaita realizaban músicos como Rafael Rincón González, Huáscar Barradas y Jorge Polanco.

El licenciado William Atencio, destacado compositor nacido en Maracaibo en 1949, presentará próximamente su libro “La Gaita y su evolución”. En esta obra es antólogo y cronista, logrando estructurar un inmenso mosaico de la historia de la gaita. Ese libro será un excelente instrumento de difusión de nuestro género musical, gracias al patrocinio oportuno del Banco Central de Venezuela subsede Maracaibo. Recobra más importancia aún un libro sobre la gaita cuando concientizamos que nuestro género ha sido una cultura oral, que en sus orígenes se transmitió de abuelos a nietos, de padres a hijos, sin que quedara ninguna obra publicada o impresa como testimonio, más allá de las grabaciones.

Hoy vemos la marcada influencia de ritmos foráneos como el vallenato de Colombia y el reguetón de Panamá, extendidos por nuestras barriadas, a tal punto que no son pocos los niños maracaiberos que piensan que son su música nativa, su forma musical natural. Sin embargo, muchas de estos ritmos que coyunturalmente se pegan en la radio y luego se esfuman, solo son un síndrome febril evanescente. Al tiempo, no queda nada de ellos, así como sucedió con la lambada, el tecno-merengue y las traducciones cursis del inglés de canciones del Rock and Roll, así como las pedestres gaitas de las locas que hacía Hugo Blanco con Joselo, y el raspacanilla o las guarachas de burla estructura.

Asumamos la gaita como nuestra alma sonora, como la voz de nuestra identidad, y nuestra forma musical más exportable, un canto de mestizaje que está sembrado en toda la patria, en nuestra patria gaitera.

Twitter: @leonmagnom