Yolanda entre la urdimbre del Teatro Baralt

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La voz de Yolanda Delgado..

La voz de Yolanda Delgado tiene registros de contralto, que salen de su rostro iluminado en azul, enmarcado por su cabello muslime y se entretejen con el Art-Deco del Teatro Baralt. Todo en la sala Baraltiana, coronada por el rosetón con la imagen de Rafael María, es mixtura y sonoridad, presencia sensitiva. Poco a poco va asomando el tambor del altiplano con su retumbe milenario y parches de cabra, la quena con su timbre lastimero se hace flauta, la guitarra con similitud de laúd. Está en escena Texere, agrupación que nació en el año 1987 en la Universidad del Zulia, concebida como un taller experimental para el canto de vanguardia y la poesía. Herederos de la militancia y arte de Gloria Martín, Zitarrosa, Daniel Viglietti, Lilia Vera, la Nueva Trova Cubana y de su padre cantor Alí Primera.

Cada uno de los asistentes pasa a formar parte del entrevero que nace bajo el plafón centenario del Baralt, la voz del escritor Blas Perozo Naveda nos habla de un buque anclado en el lago, frente a las dársenas de El Milagro, a orillas de una ciudad que se debate entre duendes, piratas saqueadores y putas pintadas de noche. Blas nos habla de Bolívar, lo ve aparecer para luchar contra un enemigo ciclópeo, voraz, ”Bolívar en su caballo o a pie, es el Padre…” y termina su manifiesto.

El repertorio de ese concierto de Texere, que significa tejido en latín, comenzó con un canto multiétnico a capella, luego “La canción urgente” en la voz de Lolita Delgado, pasó por “Entre soles y lunas” cantada por Luis Pérez, joven cantautor inserto en el movimiento de juglares contemporáneos. Texere transitó por dieciocho temas que incluyeron “Coquivacoa” de Alí Rafael, “Soy pan, soy paz, soy más” de Piero y el clásico gaitero de Renato Aguirre “Aquel Zuliano”,: “la luz nace en la mañana, interrumpe en mi el ensueño, la voz creo que fue un sueño, pero hay un misterio grato, dejó olvidado su cuatro debajo de mi ventana…”

El compositor y periodista Darvin Romero Montiel leyó el poema de Julio Cortázar dedicado al Che Guevara: “Yo tuve un hermano, no nos vimos nunca pero no importaba. Yo tuve un hermano que iba por los montes mientras yo dormía… Mi hermano mostrándome detrás de la noche, su estrella elegida…”. En ese momento recordé a Leandro Lenín, y volví a ver la imagen de Cheo González presentando a Israel Colina, diciendo algunos días antes de morir: “quiero ser el patriarca de esa voz…”

Darvin luego entonó “Dispersos” de Alí, invitando a Maracaibo a despertar, a integrarse al proceso de cambios que mueve a toda América Latina.

El tapiz de cantos, evocación, poemas, recuerdos que se cruzaban zumbando entre las butacas y balcones del Teatro Baralt, estuvo terminado luego de dos horas de concierto.

La mágica estructura nació en un recinto de 125 años, en el mismo lugar donde dejaron su semilla germinada Ernesto Cardenal, Carlos Gardel, Arthur Rubinstein, Manuel Trujillo Durán y donde Yolanda Delgado sembró esa noche, la de Felipe Pirela y Ricardo Aguirre, en justo homenaje y en justa reminiscencia.

El público hizo suya la serenata a la ciudad de Texere, mostró su gozo ante al canto cósmico, y mientras salía hacia la noche en el centro de Maracaibo, pensé que todos seguirán aplaudiendo entre recuerdos.