Fernandez, Heraclio

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HERACLIO FERNANDEZ

Compositor

Temas: El diablo suelto / Ecos del corazón / No me olvides / Otros

BIOGRAFIA

Heraclio Fernández Noya nació en Maracaibo en 1851, pero desde muy niño residió en La Guaira, junto a su padre Manuel María Fernández, de quien recibió sus primeras lecciones de piano. Tanto en su ciudad natal, como en La Guaira, dictó clases de piano. En Caracas fundó el periódico El Zancudo, un semanario cuyo primer número circuló el 9 de enero de 1876. El 10 de octubre de 1884 sale a la calle la revista quincenal El Museo, que en cada entrega publicaba una pieza de música de salón de algún compositor del momento; así como trabajos literarios musicales de tipo satírico-humorístico, que Fernández firmaba con el pseudónimo de “El Zancudo”.

En la revista El Museo, el día de San José del año 1888, se publicó “El diablo suelto”, un vals joropeado compuesto por Heraclio Fernández, y cuya partitura fue localizada y publicada por “la primera guitarra del mundo”, Alirio Díaz Leal y más tarde por José Peñín, redactor y director del Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana y la Enciclopedia de la Música en Venezuela. Sobre Heraclio Fernández y su capacidad como pianista se leyó en el periódico El Zancudo: “Tocaba el piano con sentimiento exquisito y componía piezas de salón que los amantes de la buena música guardaban como modelo de ritmos y de formas”.

El único ejemplar de su obra “Nuevo método para aprender a acompañar en el piano” reposa en la Biblioteca Nacional, y en ella y en otros materiales impresos de su autoría da consejos y opiniones de interpretación y carácter sobre cómo se ejecutaba el piano a finales del siglo XIX. Piezas como “Misa a dos voces”, los valses “Ecos del corazón”, “Las variaciones sobre el araguato”, “Happy New Year”, “Al General Francisco Alcántara” y las danzas “La juguetona”, “Violetas sensitivas”, “No me olvides” y “Recuerdos del teatro Naar” constituyen parte del más rico acervo musical venezolano, que hoy en día recorre el mundo, en particular, en las notas de “El diablo suelto” de Heraclio Fernández.