Juan Gossaín, La Voz de la ciudad amurallada

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“Me voy;

pero diciendo antes aquello por lo que fui llamado,

sin temor a tu mirada”. Sófocles (Grecia, 496-406 aC)

 

La hermosa y mítica ciudad de Cartagena de Indias, urbe seductora y legendaria fundada en 1533, me permitió conocer a un periodista que admiro desde mis días de estudiante en la Universidad del Zulia, Juan Gossaín. Fue en el Teatro Heredia ese encuentro; el majestuoso templo de la cultura en la Costa Atlántica Colombiana, allí tuve el honor de escuchar al amigo entrañable de Gabriel García Márquez, Don Juan. Tiene aspecto de sabio árabe (sus padres fueron inmigrantes libaneses). Sobre su raigambre islámica nos comentó: “Soy un hombre que llegó a ser miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, pero cuando mis abuelos y padres libaneses llegaron a esta tierra ni siquiera sabían si la letra “O” era redonda o cuadrada. Así quiero que me recuerden”.

Posee un aura carismática, casi siempre está sonreído, es dueño de un eterno buen humor. Es un gran cronista, conferenciante, escritor de ficción. Además, y eso incrementó mi admiración por él, es un exitoso hombre de la radio, maneja muy bien la comunicación en ese medio tan dinámico, cercano y vital. En sus conferencias o en sus amenas tertulias lanza frases certeras que se quedan como inscripciones en piedra. Sobre la veracidad, la honestidad al informar, la responsabilidad ante las audiencias; el avezado periodista afirma:

  • “La libertad de prensa es un derecho que genera deberes. Al frente suyo hay un ciudadano que está esperando que usted lo informe verazmente.”

Gossaín Abdallah hizo programas de radio en las mañanas de RNC casi por tres décadas, en la prestigiosa cadena nacional de emisoras fundada en 1948 comentaba las noticias del día, editorializaba, realizaba agudos análisis de las coyunturas y problemas de Colombia. Fue retirado de esa importante cadena radial RNC en 2010 porque se atrevió a pedir la renuncia al entonces Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, luego de probarse hechos de corrupción, de sus hijos y su suegro, un escandaloso tráfico de influencias de la familia presidencial. Cuando le preguntaban por el medio radio, él asevera:

  • “La radio es un festival infinito: todo lo que procura se hace posible. No hay otro medio que permita una gran interacción con el público”.

El mundo le reconoce como uno de los amigos leales y consecuentes del Gabo García Márquez. Fueron incontables sus tertulias, sus encuentros y apariciones juntos. El Gabo había nacido en 1927 en el Magdalena, y Gossaín en 1949 en Córdoba, a dos horas de la ciudad amurallada, Cartagena la heroica, así la llaman desde 1815, cuando fue sitiada. En abril de 2014 murió García Márquez, frente al cofre que contenía sus cenizas, Juan Antonio expresó:

  • “Todos nos fuimos haciendo la idea de que García Márquez era eterno, como sus libros, él iba a durar toda la vida; hoy descubrimos que no es así”.

Él fue el encargado de pronunciar las palabras de despedida en su entierro en Cartagena, en el Claustro de La Merced, ante su viuda Mercedes y dos hijos, con algunos amigos íntimos de la familia. Aunque aclaró: “más bien, mis palabras son de bienvenida a Cartagena para El Gabo, la ciudad que tanto amó”.  Allí el Nobel colombiano hizo sus primeros reportajes y escribió dos de sus libros más leídos:

  • “En esta ciudad están enterrados sus padres y sus hermanos. De modo que vuelven a juntarse ahora, bajo la tierra amorosa, como aquellas familias legendarias de los patriarcas bíblicos, o como la estirpe mitológica de los Buendía bajo el suelo de Macondo”.

Sobre la debatida -objetividad periodística- el maestro Humberto Maturana nos enseñó que “La objetividad es un argumento para obligar”, en su libro de 1997. Pero podemos ser periodistas honestos y equilibrados al informar, sin confundir la información con nuestra opinión. Sobre este tema neurálgico, el maestro Gossaín opina:

  • “Las noticias no tienen salsa ni condimento, las noticias son las noticias. Una cosa es el amor por el oficio, la pasión, el compromiso, pero no la opinión. Y que esta no se confunda con la ruptura de la objetividad, que tampoco existe. Yo nunca intenté ser objetivo, pero la imparcialidad y el equilibrio me comprometían a no tomar partido”.

Es un fervoroso defensor y promotor del vallenato. Estuvo involucrado en festivales, programas especiales, fue un cronista de esta forma musical de la Costa Atlántica Colombiana, la que nació en la antigua provincia de Padilla, en el Cesar. Sobre este ritmo que hoy en día está en boga en todo El Caribe, el cronista cordobés afirma:

  • “El vallenato no es un género musical sino un género literario, porque nació para contar un cuento. Los vallenateros se parece a juglares y trovadores de la Edad Media, llevaban las noticias cantadas de pueblo en pueblo”.

Desde niño ha escuchado los cantos vallenatos, y sus cantores predilectos son: Alejo Durán, Abel Antonio Villa, Leandro Díaz, Rafael Escalona y Emiliano Zuleta. Declara: “El vallenato me llega al alma”.

Recién cumplió 70 años, el 17 de enero, colmado de reconocimientos y cariño de sus colegas, paisanos, amigos del gremio periodístico Latinoamericano en general. Ha publicado nueve libros, uno es el clásico “La balada de María Abdala” de 2003. Es uno de los maestros más activos de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) dirigida con éxito por Jaime Abello, fundada en 1995 por García Márquez con la misión de formar las nuevas generaciones de periodistas en Iberoamérica. La preside su viuda Mercedes Barcha de García. La FNPI tiene su sede en Cartagena de Indias, en la calle San Juan de Dios.

Juan es un hombre de rutinas: se levanta a las 4oo de la madrugada, disfruta el café y la lectura mañanera, ve el amanecer mientras desayuna. Luego entra a su estudio a escribir hasta mediodía. Suele comer poco, por las tardes relee los clásicos, le obsesiona Sófocles, observa la bahía de Cartagena desde su balcón en un piso 12, ama los pelícanos. Antes del ocaso suele realizar largas caminatas con los amigos, establece sus tertulias peripatéticas, los viandantes lo saludan con afecto, le piden que sea alcalde y él responde sonriendo: “los defraudaría” y sigue caminando. Se va a la cama temprano, con su esposa Margot Ricci, la periodista y ex decana de la facultad de Comunicación Social de la universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá. Se casaron en 1984, ella es su mejor crítica y consejera eficaz. Comparten el amor de sus hijos, de sus nietos y de sus dos perros.

Sigue en pie el aguerrido hombre de noticias, autor de crónicas magistrales, de hermosos capítulos en la radio y admirables novelas. Sigue impactado por Sófocles, sobre ese autor griego dice: “Es el que mejor describe el alma de los hombres”. Gracias maestro y preceptor Juan Antonio Gossaín Abdallah por amar tanto el periodismo, y por enseñarnos un sendero de dignidad en su ejercicio. Larga vida para usted que es la voz de la ciudad amurralada.

 

 

León Magno Montiel

@leonmagnom

leonmagnom@gmail.com