Los 87 del “Socio” Padre Vílchez

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Este sábado pasado 29 de abril me fui desde temprano a la “Plaza de los Cepillaos” en San Francisco. Después del disfrute que tuve con uno de zapote y con ñapa de níspero frente a mi recordado colegio Ayacucho me dispuse a cumplir con la invitación que me envió el amigo Germán Delgado, miembro del conjunto Zagales y de la Fundación para la Gaita FUNDAPAVIL. Esa invitación era para celebrar nada menos que los 87 años de vida de Monseñor Luis Guillermo Vílchez Soto, “El Padre Vílchez”, el guía y pastor espiritual de San Francisco, un emprendedor, cumplidor de sueños, promotor cultural, deportista, gaitero, hombre bueno, con una misa celebrada en su honor por el Arzobispo Auxiliar de Maracaibo Monseñor Azuaje, en compañía del párroco Colina de la iglesia Santo Cristo, o como los de San Francisco la llamamos, la iglesia del Padre Vílchez. Fue una liturgia emotiva, concentrados todos en celebrar un año más del socio Vílchez y pedir por su salud. Fueron apareciendo esa tarde-noche caras conocidas, vecinos, ex compañeros de clases, todos dispuestos a darle un saludo cariñoso al cumpleañero y recibir de él la bendición.

Luis Guillermo Vílchez Soto, “El Padre Vílchez”, llegó a San Francisco hace algo más de cincuenta años desde El Caimito en el municipio Miranda del Zulia y según cuentan viejos sanfrancisqueros -y es que así me gusta a mí que nos llamen a los de San Francisco, sin la importancia que sea lo correcto- aquel larguirucho curita de sotana negra llegó montado sobre un bicicleta, y se quedó para acompañarnos y unirse al progreso como actor principal de San Francisco.

Al recordar al Padre Vílchez jugando softball con su uniforme de pícher o dirigiendo a sus conjuntos gaiteros con dedicación y excelencia, embragetao con una comunidad y sus luchas, fundando una escuela y luego un liceo, demostrando ser un hombre de avanzada, sin prejuicios y falsos puritanismos, actitudes que de seguro le hicieron ganarse regaños arzobispales y detractores, que a Dios gracias, no amilanaron a aquel hombre enviado por Dios a San Francisco, que entre barbacoas y molinos de vientos ha sido nuestro mejor quijote.

Al término de la misa y con era de esperarse sonó la gaita, esa que un día le escuché calificar como “la oración cantada de los zulianos”, esa misma que decidió apoyar, promocionar, difundir y con la cual alcanzaron glorias sus conjuntos San Francisco, Los Zagalines, Los Zagales y Las Espiguitas.

Arrancó a sonar la gaita en voces e instrumentos de su primeros ahijados gaiteros, el conjunto San Francisco en voces de Armando Vílchez, hijo de su hermano el recordado maestro Desiderio Vílchez, también Emiro Moran junto a Ecxia Araujo cantaron “Madre Mía” y después Emiro canto su éxito “La Bandera” tal como el primer día. Santiago Soto, niño prodigio de aquella época en el cuatro, el viejo León en el furro, entre otros, que en caimanera gaitera se fueron integrando a cantarle al Padre Vílchez en sus 87 años. Por supuesto que se recordó a Doña Altagracia Vílchez y a Isidro Fuenmayor, ambas queridas y estelares figuras del conjunto San Francisco.

Más tarde llegaron los nuevos Zagalines quienes nos demostraron que el semillero sigue fértil y sonoro y que tenemos Zagalines para rato largo. Ellos Entre los recordados éxitos y sus nuevos temas lograron transportarme a los escenarios de Don Pancho, a La Hoyada o al Club de la Unión de Comerciantes del Zulia en El Milagro, en donde me deleité de niño escuchando cual ídolos a Los Zagalines. Por un momento me encontré con Xiomara, Yumin y Enriquito Quiroz, con Danielito Mendez, Alberto León, con el “Catire Machete”, con el súper charrasquero Alberto Bohorquez, Alejandro “Ñaño” Villalobos en la tambora, con Valmore Albornoz sonando el furro, marcando con su cuatro Santiago, y con Magda, siempre presente en voces de sus hijas, escuchando feliz los éxitos del negrito Ramón Rincón.

Esa noche de fresca brisa playera en el pórtico de la iglesia Santo Cristo en homenaje al Padre Vílchez en sus 87, se rencontraron varios de los ex integrantes de sus conjuntos queridos, entre los que quiero destacar a Luis Germán Briceño “El Catire Machete”, que comentaba algo que comparto: él invitaba que en próximos encuentros se convocaran y aparecieran caras y voces recordadas que formaron parte de esas agrupaciones y que cosecharon junto al Padre los mayores éxitos por toda Venezuela y Latinoamérica, y no sólo en el género gaitero.

“El Pequeño Gigante de la Gaita”, también ex Zagales, Eroy Chacín brilló cantando “Al Zulia doy”, Renny Guerra de la dinastía Guerra se montó con “Rapsodia gaitera”, exitazo de Los Zagales, interpretado originalmente por Daniel Méndez quien no pudo asistir esa noche por quebrantos de salud, según comentaron. En la charrasca el famoso “Batarro” Bohórquez, “Panchito” Fuenmayor y Orlando Vílchez, de los más fieles y consecuentes miembros de sueños y logros musicales del Padre, también estaban esa noche, y Priscarlina Vílchez quien cerró la actuación de Los Zagales cantando la gaita “Canción de Bronces”, para mí un himno al Padre Vílchez del poeta joven amigo Carlos Luis González.

Para culminar la noche especial de gozo se reencontraron Las Espiguitas, último hijo musical del “Socio”. Pablito Rincón, como cuando niño, todo un artista. Bianca, Tinmi con su cuatro, el hijo del maestro Ferrer en el bajo, la primera charrasquera que he visto en mi vida Naili Soto, hija de un también ex Zagales, Ney.

En definitiva, yo le doy gracias a Germán Delgado por la invitación y no me queda más que despedirme para seguir zagaleando y pidiéndole al Santísimo por su más fiel párroco con versos de Ramón Rincón: “Dime Pancho, dime Merly, pregúntale a Danielito, por el curita gaitero, que ama al pueblo ´e San Francisco…” Por siempre, Gracias Padre Vílchez.