Origen del “Catire Machete”

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Luego del alboroto inicial, cuando llegué al conjunto Los Zagalines, después que todos los muchachos tenían sus gaitas ya ensayadas, nos dispusimos a preparar, los últimos detalles para la grabación del L.P. Estábamos muy ocupados y en una ocasión, el Padre Vílchez me invitó para que lo acompañara al centro de la ciudad, a comprar ciertos accesorios que se necesitaban, para complementar el equipo de sonido. Con nosotros estaban Daniel Méndez, Ney Soto y Luís Germán Briceño.

Llegamos a un establecimiento de accesorios y partes eléctricas llamado Max-Ferrer, comenzamos a chequear lo que íbamos a adquirir y el empleado, al reconocer al presbítero, le dijo:

-¿Como está Padre Vilchez?

-¡Maaachete!- le contestó al instante el Sacerdote.

Esta palabra, la tenía pegada El Curita y la utilizaba cuando quería magnificar una situación de aprobación o complacencia. Siempre que la empleaba en su lenguaje coloquial causaba, de alguna manera, una sensación simpática y agradable a su alrededor. Entre risas y ocurrencias esa mañana, por esa misma circunstancia, se me encendió la chispa creadora y logré conectar esa palabra adjetiva y simpática con Luis Germán, con la única idea de estereotipar la imagen de ese joven gaitero, inquieto y tremendo, con la personalidad extrovertida del personaje. Le comenté la idea al Padre Vílchez y le pareció fantástica.

Todos los empleados del negocio junto a sus clientes habituales de esa hora fueron testigos y cómplices de la ingeniosa composición y celebraron la magnífica ocurrencia con gran entusiasmo y admiración. El primer verso dice así:

A mi me llaman Catire Machete

Porque soy como el dulce melao, je, je

Porque soy un catire que pone alegre

A todo el que esta quedao

Búscame otro catirito así.

Coro: Vamos todos a bailar.

Búscamelo pero si no lo encontráis.

Coro: Nunca te podrá pesar.

Adivinen pues, al momento y como decimos los gaiteros, al vuelo, ya el catire se la había aprendido con tal picardía que le dio vida inmediatamente durante el trayecto de regreso a San Francisco. Al llegar a la casa cural, entramos al despacho para completar el estribillo y al cabo de una hora ya la gaita parranda “El Catire Machete”, ¡Estaba lista!

Esa noche, cuando se ensayó por primera vez, todas aquellas personas y amigos que estaban presenciando aquello no lo podían creer. Parecía una verdadera feria; comenzaron a bailar y a dar palmadas como si estuvieran en un sitio de presentación, presagiando así, ¡Un éxito seguro!.

La gaita la estrenamos en el Restaurant Don Pancho y en esa oportunidad, cuando el Padre Vílchez la anunció, hizo un preludio de la personalidad del Catire Machete. Cuando éste comenzó a interpretarla, hasta los mesoneros ¡Comenzaron a bailar!, estaban disfrutando de algo totalmente diferente y novedoso, formándose un tremendo alboroto jamás visto en ese ambiente, de hecho la tuvo que repetir como seis veces. El delirio de la gente obligó al Catire a subirse en un velador y desde allí la cantó, transmitiendo y emanando esa energía súper poderosa que contagiaba a todo el que lo escuchaba. Todas las personas que vivieron y experimentaron ese mágico momento del estreno, ¡Jamás lo olvidaran!.

Cuando el L.P. llegó a la radio, el Catire Machete de inmediato se erigió como tema obligado en todos los programas gaiteros, constituyéndose en un éxito rotundo para ese año. Luis Germán Briceño, y no me cansaré de decirlo, representó para esa época dorada al chico estereotipo, imagen del gaitero especial, simpático, alegre, travieso, inquieto y versátil. Aún cuando nunca lo imaginamos, se marcó toda una época y le dio vida a una feliz y estupenda idea que, por obra del destino, me tocó a mi protagonizar.

Hoy en día, el tema es un clásico gaitero y de paso le cambió el nombre, sin proponérselo y para siempre, a Luis Germán Briceño Vilchez por uno más apropiado:

“¡EL CATIRE MACHETE!”