Pa´ Maracaibo me voy…

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JOSÉ “CHEO” GARCÍA, “EL GUARACHERO DE AMÉRICA”

El primero de mayo de 1926 fue el amanecer de la historia de José Rafael García Añez, quien nace con una condición nata para el canto y en el transcurrir del tiempo, el mundo de la música le cambió su nombre de pila por el de “Cheo” García, “El Guarachero de América”.

“Cheo” descubrió precozmente sus facilidades para el canto en su natal Maracaibo, y a los nueve años de edad decide entonces educarse musicalmente, así fue moldeando su ilusión de seguir cantando.

Durante varios meses participó en los concursos de Radio Popular, donde le dieron el apelativo de “El Niño Prodigio”. Allí estrecha lazos amistosos con Hilda Rosa Urdaneta, quien lo invita a formar parte de la compañía de musicales “Estampas Líricas Miniatura”, convirtiéndose en una de las voces más representativas en una de sus voces más representativas, con quienes llegaría a visitar ciudades como Bogotá.

En la adolescencia, “Cheo” García estructuró su estilo y amoldó su timbre a la música caribeña, su pasión, el camino que eligió transitar.

El Zulia pudo conocer los inicios de aquel soñador, cuando acompañado por la Orquesta Navas Boy´s, de Ramiro Nava; la Orquesta de Panchito Chaparro, la Metropolitana de Enrique Manzano y la Orquesta de Garridos y sus solistas, abordó la mayoría de las tarimas más importantes del estado.

A principio de la década de los años cincuenta, con sus anhelos como equipaje, se marchó a Caracas persiguiendo mejores expectativas artísticas. Asiste a una audición con el maestro Chucho Sanoja, y es elegido para integrar la Orquesta de Radio Difusora Venezuela, a la cual perteneció por un período de dos años.

Sin abandonar su meta, regresó a Maracaibo, para integrarse a las diversas bandas de música bailable. Continuó esforzándose y retornó a la capital de la república en 1956, fecha en la que logró conseguir su boleto al éxito.

Este año fue un importante preludio para el verdadero destino que le aguardaba a “Cheo”. Se une a la orquesta de Juanito Arteta, conocido en el ambiente artístico como “La Trompeta de Oro de América”. Luego canta con Jorge Armitano, y más tarde se hace parte de la Orquesta Los Peniques, agrupación base del exitoso programa El Show de Víctor Saume, que transmitía RCTV.

En 1960, el maestro Luis María Frómeta reestructura su orquesta e invita a “Cheo” García, de quien tanto había escuchado hablar, para que fuera una de sus figuras estelares junto a Felipe Pirela, quien interpretaría los boleros, y “Cheo” tendría la responsabilidad de poner el sabor.

Billos jamás sospechó que los dos zulianos lo llevarían de manera tan duradera a la gloria. A “Cheo” y Felipe se une rápidamente el también maracaibero “Memo” Morales. Cada quien en su estilo, labrando la historia de la orquesta y de la música caribeña en Venezuela.

Veintiún años de éxitos marcaron las huellas de “Cheo” en la Orqueta de Billo´s Caracas Boys, con la inmortalización de temas como “La flor del trabajo”, “El profesor rui-rua”, “Pa´ Maracaibo me voy” (de su autoría), “Ariel”, “Santa Marta, Barranquilla y Cartagena”, “Los cadetes”, “La vaca vieja”, y un sin fin de canciones más, con las que ha puesto a bailar a países como Costa Rica, Colombia, Estados Unidos y España.

Pero allí no concluye su legado: más tarde lo llama Renato Capriles, para convertirlo en imagen y voz de Los Melódicos. “Cheo” acepta y estuvo por espacio de dos años en esta agrupación.

Luego se integró a La Tremenda, y al abandonarla se une a “Memo” Morales para concretar su gran reto: La Orquesta de Cheo y Memo, pero tristemente no alcanzaron el éxito esperado.

Aún cuando enfrentó realidades muy amargas y crudos reveses, “Cheo” no se retiró de los escenarios. Realizó actuaciones personales en sitios nocturnos. Ocasionalmente actuaba con la Orquesta de Charlie Frómeta.

En noviembre de 1994, cuando cantaba en un conocido club de Paracotes con la Orquesta de Charlie Frómeta, presentó una asfixia, seguida de un desmayo, que evidenciaron sus quebrantos de salud.

El 21 de diciembre de ese mismo año se marchó “Cheo”, un pedazo del Zulia. El pueblo consternado y con palabras entrecortadas, le dijo adiós y su más profundo hasta siempre.