SERIE: Cómo para no andar perdidos: La toponimia urbana del antiguo Maracaibo (1)

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La  nomenclatura de la capital zuliana, como todo núcleo urbano de origen español, arranca y se registra en terrenos familiares, de vecindarios, frecuentado e íntimo y así se proyecta hasta nuestros días en que un sentido más racional y a tono con la creciente expansión de las ciudades, numera sus calles “las tira a cordel” y bautiza sus avenidas y paseos en forma de que no compliquen y confundan al transeúnte y extraño.

A que el Negrito de las Montiel.
A una cuadra del Chirimoyo, por la Calle del Cristo, a la derecha.
Cruzando por la esquina de Bobó, como quien va para Las Delicias.
Media cuadra antes de llegar al callejón
de los miaus, en dirección de la Plaza de San Juan de Dios.
Llegáis a que el Monaguero y preguntáis dónde queda la esquina de El Brinco: dos casas más arriba vive Sarita Roja, la de las arepas.

Así entendieron y organizaron su vida de relación nuestros antepasados, y así dejaron su toponimia en la tradición costumbrista, perdurada aún en el recuerdo de muchos.

Nos referimos sólo a Maracaibo, porque intentar, por ejemplo, entrarle a Caracas, llamada justamente la “ciudad sin calles”, ni para qué hablar. Ahí la calle desaparece ciertamente para desintegrase en manzanas bajo las más pintorescas y endiabladas denominaciones: De Pinto a La Miseria. De Gradillas a Sociedad. De Monjas a Padre Sierra y de este Jaez, en cosa de nunca acabar, como es del dominio del pueblo venezolano.

En Maracaibo, la verdad sea dicha, ha desaparecido la mayor parte de esa toponimia, al darle paso a la nomenclatura moderna y en razón, no pocas veces de la transformación topográfica de la ciudad. Subsisten algunas, pero son ya contables y cada año van resultando menos en manos de las nuevas generaciones, menos costumbristas o más prácticas en el manejo de su vida de relación.

De las antiguas toponimias urbanas maracaiberas, Fernando Guerrero Matheus, en su libro “En la Ciudad y el Tiempo”, recogió algunas con sus tradiciones y consejas, de las cuales sobreviven varias en el vocabulario popular.

Calle Derecha o Calle Ciencias: Por ambos nombre se le conoce y se le menciona todavía. Lo de Derecha, como su nombre lo indica, le vino por ser –en realidad- por ser la más recta de la ciudad; y lo de Ciencias, por haber tenido allí su asiento, en la antigua residencia conventual de los Franciscanos, primero el Colegio Nacional, y, luego, desde 1891 hasta 1903, la primera Universidad del Zulia. En la nueva nomenclatura aparece como Calle 96.

Calle Ancha a Calle del Comercio: En la época de la Colonia esta calle se llamó del Marqués de Santa Cruz, en razón de tener allí su residencia  Don Juan Ignacio de Armada, titular en América del Marquesado de aquel nombre y penúltimo gobernador español de la Provincia de Maracaibo. Los nuevos tiempos republicanos le cambiaron el nombre por Calle Ancha, porque en parte de su extensión se ofrece con mayor amplitud que las demás, resultando así la más ancha de la ciudad; y Calle del Comercio, por ser con la Plaza Baralt la arteria comercial más importante en el viejo Casco Urbano de la capital del Zulia. Hoy se le conoce como la calle 99.

Calle o Avenida El Milagro: El cronista afirma desconocer qué nombre tuvo esta calle es sus orígenes, pero sí es conocido que a partir de la aparición de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, la calle comenzó a llamarse –con toda propiedad- Calle de El Milagro o simplemente Calle Milagro. Cuando solo era camino era llamada calle El Nuevo Milagro, para convertirse más tarde en Avenida El Milagro. Hoy es la Avenida 2 de Maracaibo.

La Esquina de Luis Santana: Es un nombre relativamente nuevo en la toponimia urbana maracaibera y lo lleva la esquina donde se empalman la Carretera Unión y la de El Lago, en recuerdo del popular pulpero de ese nombre que en esa zona tuvo su negocio.

El Puerto del Piojo: Así se llamó un gran placer en el Litoral Lacustre, donde posteriormente se ubicó el Gran Bazar, por lo cual obligo la reubicación del puerto  en cuestión donde se vendían pastos y forrajes que traían de sus campos de origen piojos y garrapatas y tanto la gente como la gente como las bestias que allí concurrían salían plagados de los molestos hemípteros y ácaros.

El Saladillo: De todas las toponimias urbanas de Maracaibo es esta la más popular en escala nacional. A tanto llegó la “engallada” fama de los vecinos de esta barriada, como gente temeraria, pendenciera y resuelta que la denominación de saladillero alcanzó a significar eso y mucho más hasta llegar a convertirse en sinónimo de una especie humana poco menos que antisocial, exclusiva del Zulia, gramáticamente famosa en todo el país. En sus buenos tiempos, superados en todos sus detalles y circunstancias, El Saladillo ocupaba todo el sector de la población ubicado detrás de la Basílica de Chiquinquirá, viniendo a ser así el popular templo de la más entrañable devoción zuliana, centro, corazón y cabeza a un tiempo mismo del famoso barrio maracaibero. Su nombre proviene porque en esa zona se fabricaban los envases conocidos con el nombre de bernagales, pimpinas, chiriguas, botijuelas, alcarrazas, fabricados con barro salado, estimado como el más apropiado para esa clase de manualidades.