Jairo Gil, el poeta elegido de la reina. Crónica por @leonmagnom

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“La vida es el conjunto de funciones
que resisten a la muerte”
Xavier Bichat (Francia 1771-1802)

No sabemos cuándo se produjo la elección, ni en qué momento fue ungido como el poeta predilecto de la reina. Lo cierto es que sus versos son para ella, le pertenecen a la señora de los cielos. Los poetas conscientes de la jerarquía del rapsoda escogido, lo aplauden y le rinden abluciones y genuflexiones sin chistar.  El señalado, hace cánticos para la dama del lago. Él nació el cuarto día del febrero febril del 48, en la barriada El Saladillo, la antigua cantera de sal frente al lago; exactamente en la calle Los Biombos, sector donde nació el gran maestro Rafael Rincón González en 1922.  Allí también nació la fe que mueve su alma, el magnetismo que como un cordón de plata lo une a la madre celeste.

Desde  niño fue a su templo a visitarla, y a diferencia de sus vecinos, él le rezaba en versos, con una facilidad para la rima que los prosistas no lograban comprender. Lo miraban con el mismo asombro que un artesano terrenal observa a los acróbatas. Su nombre es Jairo Antonio Gil Atencio, el niño trigueño que se asumió como gaitero, que acompañaba a su madre Corina Atencio el primer domingo de diciembre para presenciar  la aurora de la Virgen. Esa devoción mariana la aprendió de su madre, a quien llamaba Macorina, mujer piadosa que cada tarde escuchaba el rosario en la voz del padre Olegario. Su padre fue Ciro Gil, trabajador por muchos años de la molienda de café “Fuente de hierro” ubicada en los alrededores de la Plaza del Obrero en la calle Los Andes del confín saladillero.

Jairo Gil comenzó a gaitear en parrandas caseras, tocaba la charrasca cuando se daba una gaita en casa de vecindad. Profesionalmente se inició con Los Sabrosos en 1962, en esa divisa conoció a Ricardo Aguirre González, el cantor nueve años mayor que él, quien se hizo su hermano. Con esa agrupación Ricardo le grabó las primeras composiciones. Luego coincidieron en Cardenales del Éxito en 1964. La primera composición que hicieron juntos fue “Mi chinata”, en tiempo de danza:

“Por los caminos al mar
se veían las batidoras
ir a la playa en la aurora
para la ropa lavar”
(Gil-Aguirre, 1966)

En 1966 se encontraba en Caracas el día de la Virgen, el 18 de noviembre, había ido a la capital a cumplir compromisos musicales. En medio de la soledad y la nostalgia, evocó a su reina de tez oscura, tomó un papel y de un tirón plasmó su célebre “Reina Morena”:

“Entre una lluvia de flores
se pasea una princesa
y San Juan de Dios le reza
cánticos de poesía
yo la vi cuando venía
placentera y satisfecha
por la gran calle Derecha
a su pueblo bendecía”

Cuando Ricardo Aguirre se marchó al conjunto Saladillo en 1967, Jairo lo acompañó, le dio sus mejores gaitas. Con esa divisa grabó “Dos madres antañonas”:

“La China Virgen es gloria
de amorosa devoción
Santa Lucía es historia
de sublime redención”

Creció su prestigio como autor, mostraba una especial conexión con  lo místico y las tradiciones. El conjunto Saladillo de RQ le grabó “La esquina del recuerdo” en las voces de Germán Ávila y Douglas Ochoa en la temporada 1978:

“Se nos fue un pedazo
de aquella genuina tradición
la esquina de Mc Gregor
fue lo más puro de lo antañón
el sitio del bardo Udón
de los chistes y piropos
por eso cuando la evoco
me embriago de la emoción”

Sus composiciones le han valido el reconocimiento público, así como importantes galardones en el ambiente: obtuvo el premio a Gaita del Año del Festival Nacional de Gaitas “Virgilio Carruyo” en 1979 con “Rapsodia gaitera”, interpretada por Daniel Méndez con Los Zagales del Padre Vílchez:

“Te quiero gaita querida
como si fueras mi hija
tus versos me regocijan
tu estribillo me estremece
y mi sangre se enardece
con tu sabia cantarina,
tan popular y genuina
que mi cuerpo, se adormece
y se queda quieta como arrullada
por eterno amante en las madrugadas”

En 1981 obtuvo todos los reconocimientos con “Dos regalos” y en 1982 con “Señora de mis pensamientos”, ambas interpretadas por una cantante mística: Carmencita Silva, acompañada por el  Barrio Obrero de Cabimas.

Para los cronistas de la gaita, en el Zulia se erigieron dos compositores como pilares de ese canto: Jairo Gil con sus versos de amor a la Virgen y Luis Ferrer con sus odas al lago. Así el país gaitero los fue conociendo como “el poeta de la Virgen” y “el poeta del lago” respectivamente. Por ello cuando nació la divisa Los Chiquinquireños, el grupo devocional que canta a la patrona, el primer convocado fue Jairo. En esa primera producción compuso “Rompo a llorar”, a seis manos junto a Astolfo Romero y Heriberto Molina, en 1998:

“Rompo a llorar
al ver tu rostro moreno
y de un gran fervor me lleno
saladillero cabal.
Me pongo sentimental
me provoca como antojo
lanzarle un verso a tus ojos
y salir a parrandear”

Han surgido temas emblemáticos como “Por tanta veneración” (2007), “Misterios chiquinquireños” (2009), “La estampita”, que se han convertido en clásicos de la ofrenda a la Virgen en las ceremonia de su bajada el último sábado de octubre y en la aurora. En “Misterios chiquinquireños” se atrevió a inquirir a su Patrona, le cantó: “¿Por qué Astolfo dejó el mundo terrenal justo al terminar de grabar “Tu ave cantora”? ¿Por qué la Virgen bendita prefirió la humilde ermita  antes que la catedral? y ¿Por qué al Monumental a diez días de su viaje le tributó un homenaje al no salir de su altar?”.

La amistad que Jairo forjó con Ricardo Aguirre en 1962 se vio truncada por la muerte violenta del cantor el 8 de noviembre de 1969. Pero tuvo continuación a través de su hermano Renato Alonso. Con él ha compuesto al alimón, ha realizado programas de radio y lo ha acompañado en sus proyectos musicales. Uno de los más importantes fue la creación de la divisa La Dinastía Aguirre, gracias el patrocinio del empresario Antonio Moschella y el concurso de los sobrinos e hijos de Renato Aguirre. Con esa agrupación grabó el tema “Calle Santa” en 1995, lo vocalizó Ricardo Aguirre Suárez:

“La Chiquinquirá en San Juan de Dios sabía
que Aguirre le cantaría allá en la Calle Derecha
La serenata en su fecha, la mejor que le daría”

Jairo va por la vida repartiendo versos, es un repentista natural, hace rimas al vuelo por cualquier hecho que se produce a su alrededor. Esa cualidad le ha dado una distinción especial, participaciones muy brillantes en eventos como la ceremonia del Día del Gaitero realizada en el Teatro Baralt. Esa habilidad innata también la desarrollaron Antonio Briñez, Francisco Cano, “Chinco” Rodríguez, Francisco Machorro Morales, Víctor Hugo Márquez, Heriberto Molina. En una ocasión, Jairo estaba orando en la soledad del templo Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, antes de una homilía en homenaje a Luis Ferrer, y allí lo sorprendió Francisco “Machorro” Morales y recitó al instante:

“Ese de espaldas lo he visto
y se llama Jairo Gil
paradito en el rigth field
y mirando a Jesucristo”
(Morales, 1984)

Genial fue el encuentro con el compositor más admirado por Astolfo Romero, el bobureño “Chinco” Rodríguez, quien visitaba a Maracaibo invitado por Pedro Colina. Sobre ese momento Jairo me relató que al verlo, él se acercó jubiloso a darle la mano a “Chinco”, y éste le dijo:

“Mamá con dolor profundo
antes de morir me dijo:
me voy y dejo a mis hijos
a los desprecios del mundo”
(Rodríguez, 1973)

Cuando me ha tocado entrevistar a Jairo Gil, he tenido la impresión que habla con tanta o más rapidez en versos que en prosa, con una pasmosa prontitud rima las ideas para darle respuesta a cada pregunta, a cada emoción que va sintiendo. Cuando entra a un estudio de radio o televisión lo tapiza con sus versos.

Uno de sus mejores intérpretes ha sido Daniel Méndez, el barítono de San Francisco que fue llamado “el niño de la voz azul” por el Padre Vílchez en la década de los 70. En su voz quedaron inmortalizados los temas “Rapsodia gaitera” en 1979; “Gaita brava, gaita humilde” y “Reina del folclor” gaita orquestada, ambas del año 1980. También destacó como vocalista Carmencita Silva Narváez con sus temas acompañada del Barrio Obrero de Cabimas, Douglas Ochoa con su voz recia hizo éxito más de veinte gaitas, entre esas: “No se puede con mamá” y “Serenata a mamá”:

“Porque yo aquí le traigo a mama
esta gaita sabrosa y zuliana
al compás de una hermosa mañana
que sabe a la música de navidad”

Otro solista que lo ha interpretado magistralmente es Ricardo Cepeda, quien en el año 1989 colocó en la cartelera nacional dos temas “La historia de la grey” y “Mi vida es cantar” con el respaldo de la agrupación VHG:

“Nacido en esta tierra
bajo el más ardiente sol
mi alma de cantor
a ella se aferra
blandiendo cual blasón
mi voz la aclama
derramando en mi pueblo el corazón”

Sin duda, ese tema es un homenaje a la destacada carrera artística de Ricardo Cepeda, el heredero del maestro Aguirre González.

Jairo es un hijo de febrero, nació en sus días, comparte esa marca con Neguito, Astolfo, Jaime Indriago, Eurípides Romero y Jorge Luis Chacín, todos signados por una gran inventiva, gran fuerza creadora. A ellos los mueve una pulsión de crear, de hacer versos para expresar como perciben de la vida. Van  por las calles del mundo llenándolas de belleza con sus palabras, son parte de ese conjunto de funciones que resisten a la muerte: son la vida misma.

Sus tres hijos tienen por segundo nombre “Chiquinquirá”. Con dos hermosos nietos, Jairo Antonio Gil Atencio pasa sus días en las veredas de San Francisco, municipio que ha aprendido a querer. Es un creador con plena vigencia. Yo aspiro a que sea nombrado presidente de la Fundación para la Academia de la Gaita del Estado Zulia, que esté al frente de esa labor de sembrar la gaita en las escuelas.

Es grato rememorar la escena que vivió junto a su fraterno compañero Ricardo Aguirre, cuando  entonó por primera vez “La grey zuliana” en 1968 en casa de su madre Macorina, y años más tarde la hizo verso que describía lo sucedido: “en las notas que cantaba se le quebraba la voz”.

Ahora entiendo por qué la reina del cielo lo eligió como su poeta, Jairo es el rapsoda ungido. Lo dotó de musa prodigiosa y cada 4 de febrero le envía una lluvia con luceros como señal de su compañía.

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