Simón Petit, el poeta en su península

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Cruzando frente a las quintas
con su traje de mecánico azul,
y ese prestigio que le da la pobreza”
Silvina Ocampo (Argentina, 1903-1993)

Nacer en una península de arenas áridas, rodeada por un mar bravío siempre azulverde, en medio de una confluencia de viento indomable y soledad lunar: es una marca de origen. Simón Petit, nació con ese estigma, al suroeste de la península de Paraguaná, en la parroquia pionera Carirubana, en Punta Cardón, el 6 de diciembre de 1961. Allí transcurrió su infancia, es hijo del músico Ángel Simón y, Teresa Arévalo. Su casa fue cuna de cantos en medio de un reino de la sal, un gran aposento de cantores y escritores que luego lo inspiraron, como Alí Brett Martínez, su fraterno Alí Rafael Primera, Rafael José Álvarez y Guillermo de León Calles. A esa punta de ensueños Simón le ha cantado, a ese cabo de inspiración, él le ha escrito con suprema belleza:

“Aquí hace algún tiempo
retozaban los pájaros
de rama en rama.
Habitaba la serpiente sonora
y el saurio hambriento
las cabras solían posarse en el risco
a contemplar el mar de Paraguaná”
(Sobre el andamio, 1991)

Su paisano, el intelectual contemporáneo Antonio López Ortega (Punta Cardón, 1958) extraordinario ensayista y narrador, expresa su admiración por Simón Petit, y categoriza su poesía: “Parte de un sustrato doméstico, aparentemente intrascendente, donde la heroicidad es una dimensión caída y la vida cotidiana: un peso en la nuca”.

Simón Petit Arévalo ha publicado seis poemarios, y con ellos, se ha afianzado como una voz que tiene su espacio ganado, en el universo poético venezolano. Algunos críticos lo llaman “El poeta del petróleo” circunstancia que asume en una doble dimensión: como poeta y como cronista, y escribe en versos desde un país que se niega a ser portátil, que rechaza ser una gran oficina circunstancial.

Ha conocido muy de cerca las vivencias de los obreros petroleros, él fue trabajador de la industria por años, ha vivido sus rutinas en la gigantesca refinería, sus luchas por dignificarse y sobrevivir a la brega pesada. También ha compartido las faenas de los pescadores, de los artesanos y luthieres de los pueblos falconianos, pero al mismo tiempo; él es un rapsoda insomne, un hombre de la comunicación creativa, un militante de las causas justas y humanitarias:

“Preparados para guerra
nos enfrentamos al jefe
que nos indica
que apenas comienza el castigo.
Pero nosotros
hombres de petróleo y azufre
no tememos al destino”
(Bajo la grúa, 1991)

Simón Petit es un promotor cultural, hombre que ha propiciado el encuentro de cantores, cronistas, de la gente del arte popular. Él busca expresarse a través de las distintas formas artísticas: Es dibujante, orador, compositor con más de 100 temas publicados. Recién, José Montecano le grabó una canción hermosa, en tiempo de merengue oriental. Siente orgullo al decir que es gaitero, sus composiciones las han grabado agrupaciones de prestigio como El Saladillo, Rincón Morales y Zagales del Padre Vílchez, entre otras.

Es un gerente cultural visionario, con liderazgo probado, primero desde El Ateneo de Punto Fijo, a partir de 1992 y hasta 2004. Y ahora, desde la Secretaria de Cultura del Estado Falcón, cargo donde se juramentó en 2005. Desde allí, con el apoyo de la Gobernadora Stella Lugo, sigue impulsando la gestión cultural, la que conceptualiza como “lo más importante del quehacer humano”. Pretende a través del hecho cultural, lograr la auténtica transformación del ser humano, sueña con la reivindicación del falconiano del siglo XXI, del hombre y su paisaje peninsular, ese reino de la aridez que ha sido tan fecundo para la vida.

En su libro “El eco formidable” (2005) logró una madurez lírica que impresiona, con poemas donde el único vector es el amor. Ese libro dedicado a su esposa Diosiángel Lugo, inicia con un epígrafe del polígrafo egipcio Arif Khudairi (Luxor, 1948) tan certero, como un faro guiando a los nautas en medio de la bruma marina:

“Porque estamos enamorados,
por eso, decimos nosotros.
Para nosotros ahora somos uno, no dos”

Simón admira al líder uruguayo José Pepe Mujica, quizá por ser un hombre de izquierda, un ciudadano que valora el arte, de elevados valores humanos. Mujica declaró al salir de la presidencia de su nación (2010-2015) sobre su relación con su amada compañera Lucía Topolansky, a quien conoció como militante del Movimiento Tupamaro, cuando ambos fueron confinados en cárceles muy duras, y años después, en 2005; unieron sus vidas.

Lucía nació en 1944 y Pepe en 1935, ambos en Montevideo. Él razonó sobre el amor y la lucha política, y concluye: “Claro que estuve enamorado, los que dicen que la vida del revolucionario impide una vida de amor se equivocan. Creo que las relaciones sentimentales cumplen el papel de un refugio para protegerse de las tensiones que se viven. ¿Por qué son tan enamoradizos los revolucionarios? No sé si será por la certidumbre instintiva de que se están rozando la muerte”.

El exitoso estadista ha inspirado a multitudes en el continente americano, siempre ha dado ejemplo de austeridad y autenticidad. Recién declaró sobre el amor a mitad de vida, y su componente especial: “Cuando uno se aproxima a los 50 años de edad, piensa que una compañera debe ser una buena cocinera. El amor tiene entonces mucho de amistad, de cosas que facilitan la convivencia: el nido se ve como un refugio”.

En su poemario “El eco formidable” Simón Petit logró el tono similar al expresado por Mujica, ese libro es una ofrenda a la amante-compañera:

“¿Qué sueñas, amada mía?
Si al menos pudieras estar consciente
verías lo cerca que estoy
sentirías mi respiración en tu rostro y
el brazo que envuelve tu torso, en esta hora
cuando solo sé que duermes

y no tengo oportunidad de entrar en tu sueño”

(El eco formidable, 2005)

En paralelo a la elaboración de sus libros, Simón ha hecho cine, ha realizado cortos de gran importancia desde 1988, cuando ganó el Festival Nacional de Cine Súper 8. Él realizó los guiones de las películas: “Tránsito de sombras” y “Dos minutos de silencio”. Recibió el Premio Municipal de Literatura en Carirubana en 1991. Sus textos aparecen en cinco importantes antologías de la poesía venezolana. En 2012 fue invitado como poeta a participar en foros literarios en la Universidad de Salamanca, España.

Uno de los momentos más difíciles en la vida deel poeta paraguanero, lo vivió comenzando el nuevo siglo, cuando perdió a su hijo Simón Elías de solo cuatro años, murió víctima de una cardiopatía congénita. El niñito gallardo, resistió la primera operación, salió victorioso y creció la esperanza de sus padres. Así escribió ese episodio Simón:

“Su débil y golpeado corazón resistió aquella primera batalla.
Y vendrían más días de ansiedad y desazón.
Una urdimbre de confianza tejimos”

Su hijo Simón Elías no superó la posterior operación, fue un golpe devastador para el poeta y su familia, sin embargo; Simón hizo poesía su despedida, con valentía:

“Ahora cuando el recuerdo siempre será,
gracias te damos por ser tus padres”

A su hijo difunto y a su padre Ángel Simón, su principal preceptor, dedicó el libro “Vieja luna” en 2011.

Luego de compartir con el poeta Simón Petit presentaciones de libros, jornadas de lectura, sesiones musicales, agradables tertulias mientras recorremos en su automóvil la península ardiente; concluyo que estoy ante un hombre de la palabra, ante un creador, un escritor que partió de las vivencias profundas del mundo de las herramientas y el aceite, del trajín en las calderas infernales, sin perder su alma de trovador, sin dejar de cantar a la mujer y su mar interior. Simón le ha escrito odas a la patria que lo alberga, al movimiento obrero, y al amor que ve multiplicado entre la gente que le saluda en su andar.

“Simón” es un nombre de origen hebreo, muy antiguo, que significa “el que ha escuchado a Dios”. Sin duda, nuestro entrañable amigo, talentoso paraguanero: ha sido escuchado por su pueblo, por sus compueblanos peninsulares, por su nación y por su tiempo.