Tocando la Zambomba

- Publicidad -

Una postal de navidad de nuestros niños hispanoamericanos

Esta imagen  grandiosa de Martín Santos Yorube (España 1903-1994) “La niña tocando zambomba” me recuerda a mi nieta Paola Torres Montiel que nació en Maracaibo el 7 de febrero, un día antes del cumpleaños de Astolfo Romero y su abuelo Montiel. Actualmente vive en Monterrey con sus padres Nairuma y Carlos, sus hermanitos Virginia Elizabeth y Carlo Magno Torres Montiel. Allí, entre reminiscencias, suelen cantar gaitas.  También me recuerda que nuestro furro,  icono de nuestra forma musical más zuliana, la gaita inmortal, es descendiente directo de la Zambomba que allí vemos.  Instrumento de percusión que es producto  del  mestizaje en el mediterráneo, del cruce de africanos y celtas en territorio de Algeciras y la costa sureña ibera.

En la foto del maestro Santos, la niña lo toca de lado, como la hacían con nuestro furro los aguinalderos. También era la posición de toque de “Bocachico” Petit y Elías Oviedo cuando Nelson Martínez cantaba sus tamboreras con el Gran Coquivacoa de Cabimas.  Ellos se levantaban de sus sillas, se lo terciaban bajo el brazo y bailaban al compás de la gaita negra, de la tamborera. Entonces corrían las décadas de los setenta y ochenta.

Al igual que los viejos gaiteros marabinos, los zambomberos ejecutaban su instrumento de percusión con sonido no determinado, los  últimos meses del año, con cánticos octosílabos. Mas que enriquecer musicalmente las piezas al ser ejecutada, la zambomba era un símbolo de alegría, de fiesta, de participación colectiva en la navidad de la  España morisca, de los cármenes con  cantes  melismáticos interminables, en tardes de vino tinto.

La zambra es la fiesta antigua morisca. Su baile árabe, el zambo es un vocablo que aparece hacia mitad del siglo XVII y significa cambeto o de piernas torcidas. Por allí está la raíz etimológica de la  zambomba, según el maestro Joan Corominas y su “Diccionario Etimológico  de la Lengua Castellana”(1961).

Algunos etnomusicólogos creen que la  zambomba nació en Jerez de la Frontera. Allí se registran las  primeras zambombitas  diseñadas  con cilindros de barro. Luego apareció la de madera de pino. Siempre con un solo parche de piel de cabra o carnero y la verada en el centro de la membrana, generalmente adornados con pequeñas ínfulas multicolores en su extremo libre.

El gran lingüista catalán Corominas nos dice además que la palabra gaita aparece en el siglo XII, y proviene del gótico (alemán antiguo de los godos) Gaits,  que significa cabra o piel de cabra.  En nuestro caso zuliano, el furro es un membranófono hecho con cuero de cabra, que se ponía al sol para que se tensara.

Guardemos este bella gráfica de Santos “La niña ejecutando la zambomba”, que sin duda tiene relación con la génesis de nuestra gaita zuliana, atesorémosla como una postal de navidad del niño hispanoamericano que todos llevamos dentro.